domingo, 28 de febrero de 2016

Stallone y el fútbol


   Antes de salir para Afganistán John James Rambo y Mushaf Gani, caminaban distendidos por el desierto junto a un chiquillo. Frente a ellos un grupo de hombres iba a caballo de un lado para otro, gritando como poseídos, mientras se disputaban una oveja muerta. Mushaf Gani, le explicó al americano que se trataba del deporte nacional, un antiguo juego que ni la guerra podía detener. Cuando le preguntó si le gustaba, Rambo, hombre de pocas palabras y mucha acción, contestó sin titubear:
     —Prefiero el fútbol.
     —¿Fútbol? ¿Qué es eso? ¿Se juega con el pie?
     —Y con la cabeza — Respondió Rambo, que la tenía re clara. 
     La escena de “Rambo III” no dejó dudas, pero los aguafiestas de siempre sentenciaron.

     —Es una cuestión de marketing. Lo dijo para quedar bien.
     Habría que decirles a esos mala ondas, que busquen y vean en VHS, en DVD, en YouTube, en Cuevana o en donde sea “Escape a la victoria”, cuando Sylvester Stallone y otros aliados que se encontraban en prisión, fueron desafiados para enfrentarse en un partido de fútbol ante un combinado alemán. Mientras ideaban un plan de fuga, los presidiarios, entre ellos Edson Arantes do Nascimento, Osvaldo Ardiles y Bobby Moore, además de Stallone como arquero, se entrenaron duro para el match, en que luego de ir perdiendo 4 a 1 en la primera mitad, llegaron al empate con un golazo de chilena de Pelé, que averiado y todo, mandó a la pelota de tiento al fondo del arco. Pero como Stallone quería sus 30 segundos de fama, tuvieron que añadir otra escena para que él se luciera. Por eso faltando tan solo un minuto para el final del juego, el juez sancionó un penal a favor de los alemanes. Fue en ese preciso instante cuando las musas cinematográficas se metieron en el cuerpo del musculoso actor, al que durante el primer tiempo había que decirle dónde se tenía que parar en un córner. Stallone y su verdugo se miraron fiero, en absoluto silencio y cuando el árbitro dio la orden, en un vuelo elástico y elegante Sylvester, voló hacia su izquierda y se quedó con el balón atenazándolo entre sus manos. Heroico, sublime, de otra película.
     Años antes, cuando Pelé ya comenzaba a dejar sus últimas pinceladas en el Cosmos y Ardiles todavía no era campeón del mundo, en la piel de un humilde boxeador de Filadelfia llamado Rocky Balboa, “Sly” saltaba a la fama mundial. Con los años supo disfrutar de los lujos, las cenas de gala, las mejores minas, los millones en la cuenta bancaria, los premios Oscar, los globos de oro, los muñequitos de quermese y también de los anabólicos y el dale que dale con los fierros. Llevaba la vida de una superestrella. Se casó, se separó, se volvió a casar, tuvo varios hijos y también conoció el dolor en la vida real cuando falleció Sage, uno de sus hijos.
     Paralelamente a su éxito de taquilla con Rocky, comenzaba otra saga que quedaría para siempre entre los amantes del cine de acción. “Rambo”, el ex boina verde, combatiente de Vietnam, súper poderoso y todoterreno, capaz de ganar una guerra el solito, contra todo un ejercito armado hasta los dientes.
     Ya sabemos que, a través de la pantalla grande, Sylvester Stallone “Las hizo todas” manejó un camión, ganó pulseadas sacando a relucir su amor propio, liberó rehenes, derribó helicópteros con un arco y una flecha, fue un experto en armar y desarmar explosivos, combatió como nadie en la selva donde se la pasaba bajando muñecos y hasta le mojó la oreja a los rusos. Desde hace un tiempo largo su nombre reluce en una estrella en Hollywood, lugar reservado para los grandes entre los grandes y como él se codeó con los mejores actores y directores del celuloide estadounidense, allí estará para siempre.
    Pero a él le gusta el fútbol. Se dice que aún hoy se lamenta de no haber podido comprar al Everton FC, equipo del que es hincha y se tiene que conformar con mirarlo desde la tribuna. Es de imaginar que en el verde césped, el neoyorquino no hubiera sido un fino y elegante número 10. Habría sido algo así como una mezcla entre Genaro Gatusso, Simeone, “Hacha Brava” Navarro y Mascherano. Andá a sacarle la pelota. Y no te hagas el loco porque saca el cuchillo y te corta los cordones de los botines.
     Hace poco Stallone volvió a la escena boxística con “Creed”, donde entrena al hijo de su viejo rival: Apollo Creed y a los 70 años, sigue actuando y dirigiendo. Aunque el fútbol sea su pasión, a Sylvester Stallone siempre le fue mejor con los puños y la acción que jugando a la pelota. Aunque con la fama y los millones que tiene, mucho drama no se hace.

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