domingo, 19 de abril de 2015

Charla con Pedro Catalano



 La vida desde el arco

Es uno de los jugadores más emblemáticos del fútbol argentino, disputó 371 partidos en Primera División y 333 de forma consecutiva. Comenzó en Villa Dalmine y se convirtió en un ícono del Deportivo Español con el que vivió momentos de gloria. Se retiró en Arsenal y desde hace unos años volvió a la entidad del Bajo Flores como entrenador de arqueros.

   Por Rodrigo Gaite

Pedro Catalano y su amado Deportivo Español
foto: www.copaargentina.org
  En su texto “El estadio”, Eduardo Galeano dice: “¿Ha entrado usted, alguna vez, a un estadio vacío? Haga la prueba. Párese en medio de la cancha y escuche. No hay nada menos vacío que un estadio vacío. No hay nada menos mudo que las gradas sin nadie”. Al ingresar al estadio “Nueva España” que el Deportivo Español tiene en el Bajo Flores, aunque nunca se haya estado ahí, se tiene la sensación de estar en un lugar saturados de recuerdos, se pueden palpar los ecos de un pasado glorioso y de grandes tardes domingueras. Hoy queda el silencios del silencio de una institución modelo, que no murió, pero que se equivocó y pago, y lo pagó tan caro que lo perdió todo, o casi todo. Porque a decir verdad Español vive, no como en los viejos tiempos, pero vive.
   Es una mañana fresca y el viento sopla fuerte durante el entreramiento del equipo que milita en la primera B metropolitana. Cerca del mediodía Pedro Catalano termina de trabajar con los arqueros del plantel a los que le aporta toda su experiencia. Claro, quién mejor que él para trasmitir lo que significa atajar en el arco de “El Gallego”. “Estoy desde el 2011, después de peregrinar un poco en los últimos años por el interior del país trabajando, encontré acá en Español un lugar más tranquilo y más calmo para instalarme y poder desarrollar la actividad con los arqueros de la primera y los de cuarta, quinta y sexta”, explica.  
    Como será de importante Catalano para el club, que un sector del estadio lleva su nombre. “Gracias a Dios es un homenaje que el club me hizo y que uno lo puede ver en vida. Fue por el 99 más o menos. A veces la gente me identifica mucho por la calle y quizás no se acuerdan mi nombre, pero recuerdan que era el arquero de Español. También me doy cuenta de que cuando yo voy a algún lado con el nombre de la institución, también aparece el mío. Me siento muy orgulloso de eso. Esto lo digo con toda humildad, pero uno sabe que es un ícono del club, quizás por la cantidad de partidos que jugué, por los años que estuve. Yo me siento muy a gusto por el cariño de la gente que me lo demuestra a diario. Me hace sentir muy cómodo, muy a gusto”, comenta.

Violeta, su primer amor

   Un tiempo antes de empezar a ser parte de la historia de Español, Catalano comenzó a dar sus primero pasos en el arco de Villa Dalmine, la entidad de Campana le abrió las puertas del fútbol de ascenso. “Yo jugaba en la liga de Lanús y trabajaba como técnico mecánico. Era supervisor en una empresa metalúrgica, cuyo gerente era Schoklender, el padre de Sergio y Pablo. La empresa estaba en Barracas y los fines de semanas despuntaban el vicio jugando en la liga. Hasta que alguien me hizo la oferta de ir a jugar a Dalmine, cosa que no me pareció buena porque era muy lejos, eran como 60 kilómetros y yo no tenía auto. Era complicado y la deseché, pero con el tiempo siguió insistiendo hasta que me convenció y fui medio año. Jugaba los partidos de tercera y por supuesto no estaba fichado. Seguí con mi trabajo hasta que a fin del 74 me ofrecieron un contrato y quedarme. Les dije que si, cuando llegué había dos arqueros y encima yo llegaba del anonimato. Pero cuando me vieron, a la quinta fecha estaba siendo titular. Jugué todo ese año y ascendimos a la B. Ese fue uno de los mejores equipos de la historia del club, el famoso “Holanda de la C”, un equipo formado por Roberto Rolando que las últimas fechas fue dirigido por la subcomisión de fútbol. Cuando empezó el certamen de la B, a los pocos partidos recibí un ofrecimiento de Deportivo Español que estaba en la C. Entonces rescindí mi contrato, la gente de Dalmine lo entendió y en marzo del 76 arranca la historia con Español”, recuerda.  
    Por aquellos días Pedro comenzaba a darse cuenta de lo que significaba ser jugador profesional, algo que no había pensado cuando era chico y veía atajar a uno de los más grandes de todos los tiempos. “Yo lo vi atajar a Amadeo Carrizo, un arquero sensacional que facilitaba todo y después de grande tuve la suerte de que la revista Goles me hiciera una nota compartida con él. Para mi fue muy linda, muy emotiva y la guardo con mucho cariño. De chico era de River, me llevaba mi tío a la cancha. En ese tiempo había que tomar el colectivo, el trole, era una maratón para llegar allá. Ahí empecé a ver a Amadeo y ahí empezó un poco mi idilio con el arco. Pero nunca me había propuesto ser profesional. De chico era un poco tímido, me costaba ir a la pruebas de los clubes. Solamente fui a una prueba en Boca en la cancha de Barracas Central y siempre me hacían volver a ir, hasta que un día nos fuimos de vacaciones con la familia y nunca más me llamaron. Te llegaba la citación a tu casa en un sobrecito que te traía el cartero y que decía el día y la hora. Nunca me propuse ganarme la vida de esto. Hasta que me di cuenta que era profesional y tuve que dedicarme de lleno y llegó un momento en que tuve que tomar una decisión que fue muy resistida por mi familia, salvo por mi esposa que me apoyó siempre”, repasa.
   Por entonces, cuando él se afianzaba cada vez más en el arco, al Deportivo la divisional comenzaba a quedarle chica y en 1979 obtuvo el ascenso a la primera B. “Español ya era un grande de la categoría. Si bien no teníamos el estadio estaba la ciudad deportiva. Las primeras fechas trajeron a Jorge Pérez de técnico y a partir de la fecha diez llega el “Vasco” Iturrieta que empezó a trabajar de otra forma. Ahí el club empieza a despegar, hicimos una muy buena campaña luchando de atrás con Lanús que nos llevaba siempre la delantera, hasta que en las últimas fechas lo pudimos alcanzar y los pasamos por un punto”, recuerda “El Flaco”.
   Un lustro después de haber obtenido ese logro, toda la comunidad española en Argentina infló el pecho de orgullo cuando a partir del 85 dejaron las tardes de los sábados para pasar a jugar los domingos contra los grandes del fútbol argentino. Pero antes de eso, como primero hay que saber sufrir, el “Depor”, casi pierde la categoría. “En el 83 casi nos vamos al descenso. Jugamos un partido definitorio en Junín contra Central Córdoba donde el que perdía descendía. Español mantuvo la categoría y en el 84 armó un equipo interesante. Trajo a Oscar López y Oscar Caballero como técnicos que tomaron el toro por las astas e hicieron una revolución y a partir de ahí hicimos una campaña extraordinaria. En ese torneo estaban Racing y Gimnasia, y Español que venía de la B se consagró campeón cinco fechas antes. Para nosotros fue muy importante, no sólo por haber logrado el campeonato, si no también por la forma en que se jugaba y la forma en que ganábamos”, evoca.
   En la máxima categoría la historia fue otra. “El campeonato del 85 arranca con un Nacional que yo no lo jugué porque cuando ascendemos se van López y Caballero y llega Jorge Habbeger que trae a otro arquero (Esteban Pogany) y por eso yo estaba en el banco. Termina el Nacional donde quedamos eliminados rápidamente, se va Habbeger, vuelven López y Caballero y yo debuto en la primer rueda del Metropolitano 85/86 contra Newell`s, un partido que empatamos uno a uno. Jugué todo ese año seguido  y después me echan en la primera fecha del otro campeonato y cuando regreso contra Gimnasia y Esgrima de La Plata arranca esa seguidilla de partidos consecutivos. Nunca se me cruzó por la cabeza tener ese récord que significa haber jugado ininterrumpidamente desde junio del 86 hasta diciembre del 94. Si le sumamos que había arrancado un año antes en el 85 y había faltado un solo partido es una barbaridad. En el medio tuve que superar algunas lesiones y algunas molestias. En el fútbol nadie te regala nada. Si vos andas mal te rajan. Es mentira que el técnico te banca”, manifiesta.

Francescoli, el verdugo de turno

   Por diciembre del 94 la relación entre Pedro y los dirigentes de la entidad presidida por el polémico Francisco Ríos Seoane no andaba muy bien que digamos y en el medio de esa situación llegó el partido contra el River de Passarella en cancha de Ferro “Yo digo que a veces a las cosas uno puede seguir manteniéndole la forma sin cambiarle el fondo. Ellos estaban esperando la oportunidad para sacarme. Me hubiera gustado que viniera alguien y me hablara de frente. Yo hubiera entendido perfectamente si me hubiesen dicho: ‘Mirá te vamos a sacar porque andas mal’, pero no había necesidad de todo lo que pasó después. Me fui muy mal porque ni siquiera me siguieron pagando lo que me debían. Tuve que reclamar cuando todavía tenía seis meses de contrato. El gol de Francescoli fue la excusa perfecta para los dirigentes, no tenían otros argumentos para sacarme”, sentencia.
   Pero su relación con el fútbol no terminó aquel 25 de noviembre del 94 cuando el conjunto dirigido por el “Toti” Iglesias cayó por 3 a 1 y marcó el final de los 333 partidos en forma consecutiva de Catalano en el arco de Español, Arsenal de Sarandí confió en él y le dio la posibilidad de seguir jugando en el Nacional B. “Fue una experiencia muy linda, donde me encontré con muchos chicos que firmaban su primer contrato y me sentí un poco el referente de todos. En ese equipo estaban el “Moncho” Ruiz y Óscar y Darío Espínola entre otros. Termino ese año, mantenemos la categoría en el Nacional B y al año siguiente me quedé como ayudante de campo de Iturrieta, después a las cinco o seis fechas él se va y yo estuve un solo partido hasta que vino otro entrenador”, repasa ex portero como dirían en España y rememora su último partido, el cual no finalizó de la mejor manera. “Jugamos en cancha de Arsenal contra San Miguel. Era un repechaje para mantener la categoría. Habíamos empatado 0 a 0 en la ida e íbamos ganando uno a cero en la vuelta. Faltaban tres o cuatros minutos y se armó una bataola. Saltaron los hinchas de Arsenal  y los de San Miguel adentro de la cancha y se entraron a dar”.

Recuerdos que no se pueden borrar

  Desde su debut en Primera hasta su retiro pasó de todo. Son tantos los cotejos memorables que sería imposible nombrarlos a todos, pero como no recordar aquel domingo en La Boca cuando el conjunto de Óscar Washington Tabárez tenía todo preparado para festejar el Apertura 92 y Español, que esa vez se vistió de blanco, le aguó la fiesta ganándole 3 a 2. “La Bombonera explotaba, muy pocas veces la vi así. Cerca del arco se sentía como una vibración. Para nosotros era una incursión de un grupo terrorista. Éramos 16 jugadores y 8 o 9 integrantes del cuerpo técnico. Pero siempre Español estuvo acostumbrado a jugar de visitante, no nos pesaba y estábamos muy tranquilos. Sabíamos el libreto que teníamos que utilizar tratando se sacarle la pelota al rival. Fue un partido redondo”, comenta. No fue la única vez que el Deportivo tuvo a mal traer al Xeneize, en el Apertura 91 también lo amargó. “Íbamos perdiendo 3 a 1 en La Bombonera y en el arranque del segundo tiempo le dan un penal a ellos, lo que hubiera sido el 4 a 1. Lo patea Cabañas y lo atajo. A partir de ahí el equipo reacciona y empatamos 3 a 3”, evoca Pedro.
   Hubo muchos más como aquel partido en cancha de Instituto. “Español venía como de diez fechas sin victorias. Íbamos ganando 2 a 1 y después de 4 minutos el referí cobró penal y se terminó el partido, los jugadores se retiraron de la cancha y quedé yo solo con el que pateaba que era Walter Fiori. Si lo atajaba ganábamos y si no empatábamos. Tuve la suerte de atajarlo y por eso fue un momento muy especial. Pero hay muchísimo más. Por suerte tengo muchos CD que los fui pasando de a poco porque los tenía en VHS y a veces dijo: ‘La pucha que era grande Español’ porque en aquellos tiempos era un equipo importante. Luego vino la debacle, se trajeron jugadores a palada que venían de cobrar otras cifras y se firmaban contratos que después no se podían pagar. Hoy el club está en una pelea dura. Primero porque se perdió todo. Hay una parte (La que está el estadio) que está en comodato por 20 años. Después el club ofrece poco y hay poca masa societaria. Cuesta mantener todo y jugar en la B tampoco ayuda. Los ingresos no terminan de cerrar”, detalla el hombre que junto a Walter Parodi, Sergio Zanetti, Rafael Luongo, José Batista y Pablo Michelini entre tantos supieron vestir la camiseta roja con la publicidad de “Bieckert” en aquellos años dorados del Deportivo Español.

Brindando experiencia

   Tantos conocimientos acumulados no podían ser desaprovechados y por eso después de haber dado clínicas y charlas sobre el puesto de arquero, trata de brindar todo lo que aprendió. “Desde hace un tiempo se puso muy de moda esto de entrenar arqueros. Si uno agarra el Facebook ve doscientas cincuenta mil academias y personas que entrenan arqueros. Yo digo que una cosa es entrenarlos y otra cosa es formarlos. No es lo mismo enseñar que entrenar. Uno pone Internet y tenés tres millones de trabajos, pero después tenés que saber debajo de los tres palos, cómo la tenés que agarrás, el gesto que tenés que hacer. Hay un montón de cosas que no podes saber si nunca jugaste de arquero o no conoces el puesto. Por eso yo digo que los chicos tienen que escuchar, porque la experiencia que uno tiene no figura en los libros. Yo cuando no sé algo pregunto. Uno es burro por un minuto, no por toda la vida. Cuando no sé pregunto o recurro a alguien que sé que sabe más que yo y me puede solucionar el tema. Ahora si vos crees que te las sabes todas y no querés preguntar y no querés saber nada… Yo a veces les digo a los chicos que pregunten porque yo jugué como seiscientos partidos en primera más los entrenamientos. Vos te imaginas cuántos centros y cuántos córners me habrán tirado a mí. Entonces yo puedo decirte muchas cosas, cómo tenés que pararte, donde se tienen que parar los defensores, pero pareciera ser que algunos no lo necesitan. Esas son las cosas que me molestan, porque uno está para ayudar. Yo cuando preciso algo de un delantero a quién le voy preguntar. Tengo la suerte de trabajar acá con el “Puma” Rodríguez, que es un especialista. Entonces voy y le pregunto”, afirma.
   Como le suele pasar a muchos ex jugadores que dejaron una buena imagen en el fútbol, gracias al “Facebook”, Catalano se siente cerca de la gente. “Gracias a Dios me pasa que la gente me sigue muchísimo. Ya llegué como quince veces al límite de amigos permitidos. Me ha dado la posibilidad de ir a realizar muchas clínicas por el interior, de conectarme con gente que me invita a un partido o me habla alguien que cuando tenía 4 años se sacó una foto conmigo y me lo recuerda o me da la posibilidad de encontrarme con hijos de ex jugadores. Las redes sociales están muy buenas y yo las uso mucho”, revela.
   Los jugadores se retiran y el estadio va quedando desolado, mientras el viento sigue soplando fuerte y cruza el campo de juego. Pedro Catalano, también se va para su casa, a la otra claro, a la que vive con su familia, porque a nadie le cabe duda que su verdadera casa es el Deportivo Español.