domingo, 29 de marzo de 2015

Entrevista a Susi Cané

Cantar, por sobre todas las cosas

Aunque se crió en una familia de artistas comenzó a cantar a los 27 años. Formó un dúo junto a su ex marido Juan Carlos Dileo e integró “Las primeras mujeres mariachis”. Hizo publicidad y con el tango pasó por los escenarios más renombrados de Buenos Aires. Lleva la música en la piel y mientras participa en diversos eventos prepara su cuarto CD.

Por Rodrigo Gaite

Susi Cané y su amor por la música
   Viernes. 15.30 Avenida de Mayo y Rivadavia, pleno corazón de Ramos Mejía. Un hormiguero de gente camina bajo los primeros síntomas del otoño cuando Susi Cané desciende del tren. No muy lejos de esa concurrida esquina, ajena al gentío y durante casi dos horas, la cantante criada en Haedo, hablará de su vida arriba y abajo de los escenarios. Sus ojos claros por momentos se cristalizarán por los recuerdos y las imágenes que surgirán durante la charla. Algunas de esas evocaciones son muy recientes como la de su actuación en la 43° Fiesta del Ternero en Ayacucho. “Fue una hermosa experiencia. Hacía 26 años que no iba a un festival por diversas circunstancias y fue posible gracias a Mirta Casali con quien me encuentro trabajando desde hace unos meses”, cuenta. Mientras prepara algunos eventos más junto a Casali, también trabaja en lo que será su cuarto CD que verá la luz llegando a fin de año y el cual va a tener un par de tema de su autoría como el que está dedicado al cura Brochero. “El tema lo empecé a escribir en el tren cuando iba a grabar ‘Toda una vida te esperaré’. Iba tan sensible y tan feliz ya que me reencontraba con el bandoneonista Roberto Álvarez de la Orquesta Color Tango, al que hacía 22 años que no veía que me salió en ese momento”, comenta mientras el aroma del café comienza a invadir el aire del bar.
   Suele viajar mucho en tren ya que vive en Haedo donde creció y empezó a tener contacto con la música desde que tiene uso de razón. Claro en su familia todos eran artistas y por eso ella fue creciendo entre compases y actuaciones. “Desde los 4 o 5 años jugaba a la bailarina con mi hermana. Con un palo de escoba subía y bajaba las escaleras cantando. Imitaba a Estela Raval y a Violeta Rivas, que con los años me enteré que era prima de mis viejos. Nuestros juegos siempre eran de artistas porque uno iba a las peñas y a las reuniones familiares donde se armaba la guitarreada de tango y folclore. Parte de la familia de mi abuelo era de Chascomús y yo viajaba con ellos y disfrutaba de la guitarreada. Me sentaba en la mesa y comía empanadas. Mi madre tocaba el piano y hacía actuación, siempre vi música en todos lados. De chica iba a la iglesia los domingos y en la escuela en los actos adoraba cantar, pero era muy tímida y de a poquito lo fui superando. Recién a los 27 años empecé a estudiar canto. Mi infancia fue muy linda porque he tenido mucho cariño de mis abuelos, de mis tíos y de mis padres. Mi abuelo escuchaba tango a las 7 de la mañana antes de que yo me fuera al colegio y los miércoles por la noche veía “Grandes Valores del Tango”. Me fui criando con todo eso y jugando a ser artista. Ya de grande le decía a mi abuela. ‘Qué te parece este tango’, lo ponía y hacía todo el movimiento. Después tenía una tía que me decía: ‘Cantá Tita Merello” y ahí empecé con el “Pipistrela”, que al igual que “Garufa” y “Niño bien” son tres temas que al día de hoy no puedo dejar de cantar”, expresa.
    También por esos tiempos y paralelamente a sus clases de canto cuando empezaba a forjar su carrera, su cara angelical la llevó a meterse en el mundo de la publicidad. “Pedí una licencia sin goce de sueldo en Morón donde yo estaba. Me fui a capital a trabajar y un día conocí a Juan Carlos Colonnese, uno de los descubridores de Susana Giménez. Me dijo que necesitaba mi cara para hacer publicidad y yo no le creí. A los dos o tres meses me encuentro con un matrimonio que estaba trabajando en eso y me dicen. ‘Por qué no haces publicidad’. Le comenté lo que me había pasado y me dicen. ‘Vos estás loca. Te perdiste la oportunidad de tu vida’. Ahí lo llamé y ahí comencé hacer publicidades para televisión donde generalmente hacía de mamá. Hubo otras como “El lindo patitas” y “Revlon”. Realicé fotos con Beatriz Salomón y algunos desfiles, pero después dejé porque la publicidad me llevaba mucho tiempo y me quedé con el canto”, rememora. Además en la década del ochenta participó como extra en la telenovela “Mi nombre es Coraje” y fue seleccionada para trabajar con el inolvidable Mario Sapag, aunque después no quedó.

Causalidades de la vida

   Por una de esas tantas relaciones entre causa y efecto que tiene la vida, a la de ella llegó una persona fundamental para su carrera. Tito Cursio. “Mi abuela estaba descompuesta y llamamos al cardiólogo, le tomó la presión y le puso una pastillita debajo de la lengua. Conversando y esperando que mi abuela se compense sale el tema de que a mi me gustaba cantar y que no tenía un profesor de canto; que no sabía dónde empezar y dónde buscar. Entonces me dijo que él casualmente durante su luna de miel conoció al hijo de un gran guitarrista. Tito Cursio y me dijo: ‘Yo si querés te llevo’ y a la semana siguiente pasó y me llevó. Hablé con Cursio y empecé. Después conocí a una gente de una radio de Morón que estaba muy conectada con Machado Ramos y Patricia Vel y Patricia me recomendó al maestro Miró. Estudié repertorio con Tito Cursio y a la par que lo hacía con Miró. Ahí conocí a Juan Carlos Dileo que era cantante de tango. Una excelente persona que sería el padre de mi hija. Con él hicimos el dúo Cane – Dileo y estuvimos 19 años casados. Dileo ganó muchos concursos, era un cantorazo al nivel de Julio Sosa. Donde iba la rompía”, recuerda.
  Justamente con su esposo fue con quien realizó su primer trabajo discográfico “Tango…Es nuestra pasión” que en el 99 se convirtió en CD, pero antes, en 1996, había salido como cassette. Pero ese nombre es mucho más que el título de ese trabajo. “Tango…Es nuestra pasión es un show que tengo registrado. Hice varios espectáculos con artistas invitados y en su momento íbamos a Crónica TV los sábados y domingo cuando recién comenzaba”, revive.
  Casi tres años más tarde, pero sin la compañía musical de su marido, vio la luz “Homenaje” con temas de folclore y cinco tangos en italiano. “El día que me quieras”, “Alma, corazón y vida” y “El Arriero” fueron algunos de los que componen ese material en homenaje a sus abuelos. Años después fue el turno de “Nieblas del Riachuelo”, proyecto que realizó con músicos jóvenes recibidos del Sadem.

Café de Los Angelitos, plataforma de salida

   En 1986 después de actuar en varios clubes barriales, llegó el momento de subirse al escenario de un lugar emblemático de la geografía porteña. “El Café de Los Angelitos”. “Hasta ese momento trabajaba para la municipalidad de Morón donde había dos elencos. Nos mandaban a teatros, sociedades de fomento y clubes, pero lo fuerte fue cuando pisé capital. Esa noche compartí escenario con Luis Montiel y estaba muy nerviosa. Después estuve en “El Vesubio”, “Café Tortoni”, “La Cumparsita” y “El Viejo Almacén” entre otros además de varios Centros Culuturales. Ahí empecé a prepararme mucho más, no me relajé.” evoca y revive aquellas sabias palabras de su mentor: “Cuando empecé era ‘Susana Morales’, pero Miró me dijo: ‘Cambiate el apellido, porque los apellidos cortos son más fáciles de pronunciar y de recordar. Entonces qué hice. Fui a mi casa con toda mi ilusión y agarré un diccionario de apellidos y empecé a buscar y a tachar; tachaba y tachaba hasta que me quedé con el Cané.”
   Pero si bien en la emblemática esquina de Rincón y Rivadavia fue su primera gran actuación en la capital federal, cómo olvidar la primera vez que pisó un escenario. “Cursio me dijo: ‘Vamos a ir al Club Comunicaciones que va a estar Silvia Nieves’ para mi era la más grande y en esa época ya cantaba como los dioses. Fue un sábado a la tarde e hice tres temas “Charlemos”, “Si te parece todavía” y “Junto a tu corazón”. Ahí también estaba muy nerviosa, pero le tomé el gustito y después me llevaron a “El Farolito” en Colegiales donde iba a cantar los viernes a la noche”, repasa.
  Pero como todo gran maestro, Tito Cursio además de prepararla para cantar, la aconsejaba para la vida. “Me decía: ‘Vos tenés un nombre muy chiquito. A este nombre hay que hacerlo crecer. Para ser Susana Giménez o Mirtha Legrand, hay que trabajar mucho para eso. Nunca te la creas, nunca te sientes en el primer asiento. Si vas a un teatro no te sientes nunca en la primera fila. Sentate en la cuarta o en la quinta y dejá que alguien te diga vení sentate acá adelante y no que te digan acá hay otro mejor, porque te va a doler mucho’ y eso me sirvió para toda la vida”, confiesa.

Sumar, escuchar, aprender y aportar

  “Cuando me estaba por separar yo quería seguir estudiando y se me dio por la Psicología. Me interesa mucho el chico de la calle y en esa época ya daba clases de técnica vocal y canto en Avellaneda. En un estudio de grabación di 14 años. Quería hacer algo para unir al canto con gente de la calle, o con el que necesitaba o con el que no podía pagar y empecé hacer proyectos y los pude concretar. La municipalidad de Avellaneda me daba los títulos a fin de año para los alumnos y trabajé con centros de jubilados, en talleres literarios y tengo tres antologías. Empecé a estudiar en la Escuela de Pichon-Riviere y después terminé la carrera en Flores. Hoy tengo esa profesión y doy clases de canto en mi casa de Haedo, además de mi trabajo como gestora automotor y en la municipalidad de Ituzaingó. Para mi enseñar es hermoso. Ver que el alumno va creciendo y puede ir a cantar a algún lugar y me diga ‘Canté en un cumpleaños o me animé o estoy en tal festival'. Es como que me estén aplaudiendo arriba del escenario a mí. Es la misma gratificación. Yo creo que si algún día me pasara que tengo que dejar de cantar, la docencia no la dejaría porque la disfruto a la par del alumno. Tengo muchas gratificaciones”, manifiesta.
   Volviendo a su carrera sobre los escenarios, no todo fue tango y folclore durante su trayectoria. Alguna vez hizo algo diferente. “A Juan Carlos y a mi nos llamaron de la Casa del Tango para ser jurado de un concurso y al poco tiempo Municipalidad de Avellaneda organizó otro. Conocí a una alumna que después quedó afuera y me comenta que quería conversar conmigo porque ella cantaba mariachi. Ella participó cantando tango pero le gustaba mariachi. Me citó a su casa de Wilde y nos hicimos muy amigas. Formamos “Las primeras mujeres mariachis” y empezamos a cantar en los colegios en los actos escolares. Teníamos tres músicos, en Once compramos las telas y ella hizo los vestidos. Le pusimos las lentejuelas, compramos los sombreros y salimos. Empezamos a trabajar y no parábamos nunca. Estuvimos como 5 o 6 años y anduvimos muy bien en la zona sur”, recuerda.
    Y como para que su CV se completo también hizo radio en FM 98.8, “Era un programa muy lindo que se llamaba ‘Emociones y voces’. Lo hacíamos con una psicóloga e iba los miércoles por la noche. A mi me encanta la locución y si bien hice un curso, quiero estudiar la carrera”, revela. Otras de las cosas que tiene pendiente es salir de gira, ya que en su momento cuando tuvo la posibilidad de ira a España y Australia no lo pudo hacer ya que sus hijos eran muy chicos.

Cantar, aunque sea bajo la ducha

   Pero no todo fue color de rosa en la vida artística de Cané, alguna vez estuvo parada, pero eso no implicó que tuviera que abandonar lo que más ama. “Mi hija tendría ocho, diez años y de pronto si no estaba en ningún lugar, me iba los domingos a Caminito con ella. Nos abrigábamos porque generalmente era en invierno y me reunía con gente que cantaba allí y ya me conocían. Iba, cantaba dos o tres temas, disfrutaba el momento y me volvía”, señala. Algo similar le sucedió durante los ocho meses que estuvo enyesada cuando se fracturó el pie. Desde la cama se dedicó a conectarse con sus pares y a subir fotos y videos por Facebook, siempre proyectando la vuelta a los escenarios. Así y todo, con muletas viajó en avión a Córdoba a cantar.
   Cané sabe lo que es pasar momentos difíciles y por eso cuando hace Pipistrela siente que la letra se le pega a la piel “En una época, por circunstancias de la vida, tuve que trabajar de noche vendiendo verduras en el mercado Abasto de Avellaneda mientras daba clases de canto. Era una tarea muy dura y por eso digo que a letra la viví desde adentro”, dice sonriendo. Lo mismo le pasa cuando interpreta “Padre Nuestro” y “Afiche”, que están disponibles en YouTube. “Son parte de mi vida, son dos canciones que siento y gozo mucho. Siento que atraigo a la gente cuando las hago y a muchos los vi llorar mientras yo cantaba”, dice.
  Es que cuando canta lo hace con la voz, pero también con el cuerpo y el alma, poniendo lo mejor de ella en cada actuación. “Yo cuando hice todo esto de empezar a cantar, que no sabía que iban a pasar 28 años, lo hice por mis hijos. Quise dejarles a ellos mi voz. El día que yo no esté mis hijos me van a poder escuchar. No importa si mamá canta bien, mal o regular, pero que les quede ese recuerdo mío y por eso sigo”, admite Mirta Susana Amalfi con los ojos humedecidos, que por mucho tiempo más nos seguirá deleitando con su voz.



viernes, 20 de marzo de 2015

Entrevista a Graciela Barrios

“La música me abrazó toda la vida”

En el 2014 obtuvo el premio “Oro” Reina del Plata como cantante de tango femenina y actualmente participa del programa radial “Rubia y sentimental”. También dirige el espectáculo “Voces, cuerdas y nostalgias” mientras prepara el tercer disco de su carrera; una carrera que se consolida día tras día gracias a los maestros que la acompañan.

Por Rodrigo Gaite


Graciela Barrios, con el tango en la piel
     Laberinto de mi magia y misterio, de sueños y añoranzas, Parque Chas atesora perfumes y colores de un barrio “Plateado por la luna”, un lugar con vida propia en el que cada día Graciela Barrios, siente la calidez de sus vecinos y donde cada mañana y cada atardecer contempla las casas que han cambiando su semblante a través de los años, pero no su esencia. No muy lejos de donde vive se encuentra, sobre la calle Bauness, la Asociación de fomento Parque Chas de la que su marido y su hija forman parte de la comisión directiva; un club donde hace más de dos décadas un tal Saviola, comenzaba a gastar las suelas de sus zapatillas en la cancha de fútbol cinco. No fue el único; también lo hicieron Walter Acevedo, Jonathan Bottinelli y Pablo Zabaleta por citar algunos de los tantos que entre goles y gambetas se formaron como futbolistas pero también como personas.
    Allí, en ese lugar tan particular de Buenos Aires, Graciela comenzó a impregnarse de la música desde muy pequeña. “Mi mamá era de las que lavaban los platos y mientras escuchaba la radio cantaba “Era una noche de reyes cuando a mi hogar regresabas comprobé que me engañabas con el amigo más fiel” y como mi hermano mayor tocaba la guitarra cuando él comenzó al poco tiempo lo hice yo. Canté en coros y estudié profesorado de guitarra y a pesar de haberme casado muy joven igual me pude dedicar. Nunca la música me abandonó. Embarazada y todo yo seguía y con mi profesor de guitarra íbamos a todas las radios. Siempre estuve sobre los escenarios y en una oportunidad, en uno de los shows que estaba haciendo con Ricardo Ayas en Parque Chas, en un lugar que concurría un montón de gente y siempre me sorprendía las emociones que había dentro de ese espacio, alguien que me propuso cantar tango y me dijo palabras muy interesantes como para iniciar un camino en esto. Con el tango propiamente dicho empecé cantando “Chiquilín de bachín”, esa canción es como el “moño” que une el ayer con lo que vendrá. Puedo decir que el toque en mi lo hizo Piazzolla, que me llevó a buscar la fuente y la fuente la tuve con Alberto “Toto” Fontán, mi padrino musical; él me invitó a uno de sus espectáculos y confió en mi junto con Carlos Cristal”, evoca.

Valdez, el gran descubridor

     Ese “alguien” que puso el ojo en ella y le propuso cantar tango, era nada menos que Guillermo Valdez que quizás sin darse cuenta, como se dice en el ambiente futbolero, se convirtió en un cazatalentos. “Él me quiso bautizar cambiándome el nombre y el apellido. Yo escuchaba todo eso y pensaba ¿Esto es para mi? Yo decía no, si a mi me llaman de otra forma no me doy vuelta. Yo soy Graciela. A lo sumo como mi apellido es de ascendencia italiana y árabe puedo cambiar eso. Como yo tenía muchas actividades barriales y siempre participé en la parroquia y en la asociación de fomento quedó “Graciela Barrios” y así empezamos a hacer ciclos en los clubes. Fue una persona fundamental en mi carrera que me llevó a grabar, allá por el 2005, mi primer disco “Corazón porteño” con temas como “Sin piel” de Eladia Blázquez. Es alguien que yo quiero mucho. Por él conocí, en uno de esos espectáculos, al maestro Chelo Gómez que estaba acompañando a Gustavo Plaza. Quedé fascinada con esa guitarra y a partir del 2008 más o menos, comencé a trabajar más con Chelo Gómez y en el 2011 presenté el CD “Tu piel de jazmín”, un material de mucha elaboración. Ahí empecé con todos mis ciclos e independientemente a cantar en otros lados con otros músicos”, cuenta.
    El tiempo fue pasando y hoy por hoy es parte del programa “Rubia y sentimental” conducido por la cantante Soledad del Valle, que va por AM 1120 Radio Nacional y popular los miércoles a partir de las 15, emisión radiofónica que ya va por su segundo ciclo desde su comienzo en Radio Identidad “No sólo hablamos de tango. Como soy profesora de yoga trato de hacer mi aporte para vivir mejor. Dialogamos y compartimos muchas cosas con los oyentes”, explica.
    Además de su trabajo entre semana produce y dirige el ciclo “Voces, cuerdas y nostalgias” un espectáculo de tango que hace junto a Omar Colombo, Soledad del Valle, Diego Hernán, Ariel Pirotti y Héctor Pais con la conducción de Fernando del Priore y la dirección musical de Chelo Gómez; antes había realizado “De Barrios para el barrio” y “De Piazzolla al arrabal”. Actualmente se encuentra trabajando en lo que será su tercer disco, del cual no quiere decir el título. Así que habrá que esperar entonces. “Todo lo que hago lo hago con mucho amor y mucha dedicación. Soy muy agradecida a gente como Claudio Durán, Federico Gurisatti, Beatriz y Ricardo Ayas, “Toto” Fontán y Rubén Serrano”, manifiesta. Durante la charla nunca dejó de tener presente a aquellos que de alguna manera u otra hicieron su aporte para construir su carrera.
     Al abrir su página web, gracielabarrios.com.ar, la melodía de “La luz de un fosforo”, nos envuelve con la dulzura de su voz y la frase del “Poema en si mayor”, nos sumerge en la poesía fascinante de Horacio Ferrer “Resucito mi fe tu cálido evangelio y yo te ofrezco aquí mi nuevo sortilegio. Ya te ama la que fui y más aún la que seré. Pero abrázame amor profundamente sí sembrame en cuerpo y mente tu poesía. Y el último dolor borrarás de mí…” y resalta una frase muy especial “Ya te ama la que fui y más aún la que seré. Hoy te estoy dando todo, tango. Pero mañana te voy a dar más, porque va a ser más intenso que el ayer, ese ‘que seré’ va a ser siempre renovado”, dice.
   Vale la pena visitar su página, en ella además se pueden apreciar fotos de sus actuaciones en grandes escenarios tangueros hasta en sitios de la tercera edad. “Yo doy clases en centros de jubilados y la respuesta que hay es fantástica, eso para mi es abundancia. Este año estuvimos en Tecnópolis donde fue seleccionado el coro nuestro para participar en el festival”, expresa.

Barrios de oro

    Si algo le faltaba a Graciela para seguir consolidando su carrera era ser galardonada y desde el año pasado, la estatuilla del Premio “Oro” Reina del Plata en el rubro cantante de tango femenina 2014 brilla sobre el piano de su casa. “Estaba repleto de gente y había premios para televisión, radio y cantantes. No terminaba nunca, eran como la una y pico de la mañana y todavía no había salido ese rubro. Estábamos en la mesa hablando con productores de Mar del Plata, con gente que participaba del evento y en un momento dicen: ‘Mirá mirá. Ahí sale, ahí sale’ y anuncian: ‘Ganadora del premio de plata fulana de tal’. Entonces el chico que estaba al lado mío me dice ‘Y bueno, para la próxima será’ y se escucha ‘Y el de oro para Graciela Barrios’. Yo estaba sola y me quedé muda. No tenía con quien festejar. Tenía que caminar por un pasillo largo que estaba atrás de todo y ahí me encontré con Hugo Coppola y Alejandro D'Angelo que me abrazaron. No tenía ni quien me sacara una foto. Fue muy emocionante”, recuerda entusiasmada.
   No fue la única vez que sintió esa emoción que nace del alma “La primera vez que estuve en el Teatro Astros, un escenario con muchos duendes, sentí cosquillitas en el estomago. Fui con Elba Cristian por el día nacional del Tango y tuve la suerte de participar en dos ocasiones, pero para mi emocionante son las pequeñas cosas. También me pasó cuando hice “De Barrios para el barrio” en Triunvirato y Pampa con el maestro Héctor de Rosas y vino Alberto Podestá. El lugar explotaba de gente, con una magia brutal y él con una humildad impresionante agradeció que lo hayamos convocado, fue increíble”, rememora. Y si de emocionarse se trata nada mejor que hablar de uno de los mejores tangos de todos los tiempos. “A mi Manzi me fascina y cuando mi madre falleció en el 2007 yo estaba ensayando ‘Sur’. Por eso para mi ese tema es muy fuerte, porque ella partió con esa voz mía, partió en paz. Para mi ‘Sur’ es una expansión total. Es un tango que todavía no lo terminé de explorar”, confiesa.

Parque Chas, su lugar en el mundo

    Es tan especial ese barrio de la Capital Federal que Graciela no lo cambia por nada. “Ocurre que la cuadra que yo vivo, creo que ya es la quinta generación que está. Es una cuadra donde los  vecinos se fueron recibiendo unos con otros, cuidándose unos con otros y así hasta que partieron. En el club Asociación de Fomento nos llegamos a reunir todas esas generaciones hace unos años atrás y con micrófono en mano cada una contaba ‘Cuando yo vine de Italia, sola con mi marido, vi la cruz de San Alfonso y a la vecina”, y la vecina estaba ahí. Es una cuadra muy protegida, con raíces muy profundas. Mi marido y mis hijos son de Parque Chas y no se van ni locos. Yo estudié en el colegio Petronila Rodríguez y en la parroquia dirigí coros. Tiene magia, tiene misterio, tiene unos duendes muy particulares”, detalla.
    Es que las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste? Y más para ella, que tiene una vida simple y sencilla en la que se dedica mucho a su familia y le encanta cocinar. Arriba del escenario, claro es otra cosa “Cantar me eleva el alma. Es más fuerte que yo. Todo es música. El big bang fue un sonido, el Om es un sonido vibracional y todas las personas vibramos de diferentes maneras”, señala Graciela Barrios, una mujer apasionada de lo que hace, que cuando canta lo hace desde el corazón.


domingo, 1 de marzo de 2015

Entrevista a Estela Bonnet

“Me da placer unir al tango y al folklore”

Se lució en los lugares más emblemáticos de la noche porteña y actuó junto a grandes como Juan Carlos Godoy y Osvaldo Ribó. Cantante, compositora, letrista y un ser humano lleno de luz y talento, ferviente defensora de “Lo nuestro” Estela Bonnet, La voz dulce del tango, habló de su vida y sus espectáculos, como el que impulsa a las nuevas figuras a difundir sus obras, a esos músicos y poetas de “El país que no miramos”.

Por Rodrigo Gaite

Estela Bonnet, la voz dulce del tango
     La cita es a media tarde en un pintoresco bar de La Boca, a pocas cuadras de La Bombonera, donde el día anterior Daniel Osvaldo tuvo su debut soñado con la camiseta azul y oro. Pero ese jueves 26 de febrero también fue uno de los días más felices en la vida de Estela Bonnet, no tanto por la victoria del conjunto xeneize, del cual es hincha, si no por su gran actuación en un lugar emblemático de la ciudad de Buenos Aires, como lo es la Catedral Metropolitana. “Fue maravilloso. Era la conmemoración del nacimiento de San Martín. Un tipo tan importante en nuestras vidas y en nuestra historia que nada más y nada menos nos dejó la libertad como legado. Un poquito antes de empezar a cantar el himno de él, dije que era un honor. Porque la libertad no es algo que podemos perder, que podamos dejarnos arrebatar. Por eso estaba muy emocionada y quería que realmente escucharan la letra, porque todo lo que decía la letra me parece que se merecía decir del general San Martín”, revive.
     Así arrancó el 2015 para Estela, en realidad ya había comenzado cuando fue convocada por el Museo Casa Carlos Gardel donde hizo junto a Inés Grimland “Dos minas sin red”. “Es un espectáculo donde no hay música, hacemos todo a cappella y ella narra cuentos. Para el día de la mujer habrá una invitada especial y yo voy a elegir temas desde los más antiguos hasta los más cercanos a esta época”, adelanta. La cita, en Jean Jaures 735, es el sábado 7 de marzo a las 18 con entrada libre y gratuita. Pero la cosa no termina ahí porque este mes con Alda Salzarulo, una gran poeta de Junín, va a iniciar un taller de la canción: “Alda va a dar pautas para que cuando el poeta escriba lo haga con cierta rima y esa rima permita ponerle música y así poder amalgamar música e historias”, explica. Otros de sus eventos con los que ha deleitado al público fue “Uniendo nuestras raíces”, en el cual logró una combinación magistral entre el tango y el folclore. Todo un desafío que además quedó plasmado en su último trabajo discográfico “Mirando del revés” en temas como “Sin vuelta”, “Absurdo” o “Mama llévame pal pueblo”.
     De muy chica la piba nacida en la Maternidad de San Isidro, como a ella misma le gusta remarcar, empezó a tener contacto con la música y desde entonces nunca más la abandonó. “Tenía 5 años y mamá me llevaba a ver a mi hermana que tendría unos 8 cuando cantaba en el coro de la iglesia y eso me quedaba muy marcado. Entonces la profesora de ella en ese momento se dio cuenta y me puso a cantar a mí también. Después lo hacía en la escuela y componíamos. Tengo mucha bronca porque de esa época no quedó nada escrito, nada grabado de los temas que creábamos. En quinto grado hacíamos temas para el 9 de julio o el 25 de mayo y me acuerdo cuando tenía 8 años de haber participado en un teatro, donde tenía que recitar como un carnavalito en una especie de intercolegial y el colegio sacó el segundo puesto, lo cual era bárbaro. Yo no se cómo hice, pero con 8 años me paré frente al público en un teatro lleno y recité. Dos años después me cambié de escuela, me fui a Vicente López y ahí también componíamos.”, rememora.
     Es que por entonces cuando aún no llegaba al picaporte de la puerta, en la casa de sus tíos, se asomaba a espiar a los grandes para ver cómo bailaban con “D’Arienzo sonando a full”. Pero todavía faltaba algo más para que la música ciudadana entrara definitivamente en su vida. “Una vez mi psicóloga me dijo que sería bueno que empezara a bailar salsa o tango. Para mi era algo muy vertiginoso, me tenían que empujar para que diera los pasos. Era una cosa muy fea lo que me pasaba. Todo el mundo me decía: ‘Esto es un disfrute de tres minutos. Es una entrega total’. Antes de eso, estuve en Vicente López con un grupo que hacíamos rock nacional”, evoca.

La Señalada: El punto de partida

     “Un día voy a una peña de casualidad y había un certamen para presentarse dos semanas después cantando tango y yo toda corajuda me anoté, mientras pensaba dentro mío ¡Qué estoy haciendo! Me comuniqué con Leandro De Rosa, un gran guitarrista que me había acompañado otro día donde había cantado “Uno” y con él me preparé. Fui pasando varias etapas hasta ser finalista en el pre Cosquín y con él seguí participando en varios eventos”.
     “Después empecé a meterme cada día más. A todo esto siempre estuvo conmigo Lola Car, que me acompañó a todos lados. Con Lola hemos amanecido a las 6 de la mañana esperando un colectivo para poder volver a casa. Íbamos a todas las peñas porque ella también cantaba. Era amiga de mi hermana y la conocí en un cumpleaños y la verdad que nos hicimos muy compinches”, señala.
     Pero hay alguien más que ha sido fundamental en su trayectoria. Oscar Del Rio, uno de los que ayudaron a construir su enorme carrera, pero que más allá de eso le aportó a Estela algo demasiado valioso. Calidez humana. “Él es como mi eje. Supo contener mis ganas, me enseñó a frenarme y a esperar, a dejar macerar las cosas, me brindaba seguridad. Yo a veces le decía: Cantó fulanito en tal lugar. ¿Podes creer que le pagan? Y él me respondía: ‘Estela. Uno no es profesional porque le pagan. Uno es profesional por cómo se prepara para cuando llegue el momento de tener que cantar. Uno es profesional por lo que uno respeta. Por lo que le da al otro’. Es alguien a quien yo quiero muchísimo. Te da todas las herramientas para que te caigan todas las fichas como una bruma y no como un balde de agua”, afirma.
     Como olvidarse de otra persona que también ha dejado huella en su vida como lo es Estela Crisis, de “Las voces blancas”. “Uno a veces no sabe lo que tiene, es como que no podes descubrirlo, no lo podes ver. Y ella me decía que tenía algo muy importante, que era el ‘saber decir’. Eso es algo que se puede mejorar. Pero enseñarlo imposible. Si no lo tenés, no lo tenés”, puntualiza.
     Hoy tiene la posibilidad de trabajar con Claudio Parenti, Sebastián Colavecchia y Luciano de Paula, grandes personas que están muy comprometidos con la música. “Parenti es un tipo que ha acompañado mucha gente importante como Ginamaría Hidalgo o Raúl Lavié. Con él hemos estado desde las 10 de la mañana hasta las 12 de la noche pasando repertorios. Trabajamos con una sencillez muy nuestras, poniéndole todos algo. Estamos sumando conocimientos, amalgamándonos. Nos respetamos mucho. Yo se que ellos son buenos en lo que hacen y ellos confían en mi y eso potencia”, explica.
     Pero como si no fuera poco con estar rodeada de esos tres grandes, Estela fue a golpear la puerta a la casa de un gigante. Paco Peñalba, un tipo que estuvo con Edmundo Rivero y Goyeneche entre otros. Pavada de CV tiene el señor. “Me lo recomendó Oscar Del Rio para que no me alejara del tango”, dice entre risas.
     Uno la escucha hablar y es innegable que todo lo hace con entusiasmo, con ese plus que tienen los artistas cuando están arriba del escenario. Hoy recuerda las palabras sabias de Oscar Fresedo, un gran amigo: “Una vez me ve cantar y me dice: ¿Te pasa algo? No, nada. Sólo que tiemblo como una hoja cuando subo a cantar y me contesta: “Mirá. Si temblas como una hoja cuando subís a cantar. El día que no tiembles más, no subas más. Porque se nota que te gusta lo que haces, que lo haces con pasión”, evoca.

De los escenarios a la radio

     Si algo le faltaba a su carrera para ser completa era estar en la radio. La oportunidad se dio una noche en que la gente del Museo Carlos Gardel, invitó al prestigioso periodista José María "Gogo" Safigueroa “Mira que tenemos una chica que no sabes cómo canta”. Cuando la interprete bajo del escenario, "Gogo" Safigueroa se acercó y le preguntó:
     — ¿Piba tenés algo hecho?
     “Te voy a mostrar algo, pero la verdad que no está bien hecho, le dije, pero igual se llevó mi CD. Me dice: ‘Vas a tener noticias nuestras en la semana’. Me llamaron a las 3 de la tarde de un día miércoles: 'Dice "Gogo" Safigueroa que pongas la radio porque van a pasar temas tuyos'. Entonces él comenta: ‘Escuchen a esta chica que hace dos años más o menos que está cantando tangos específicamente. Si ahora canta así nada más que con dos años de tango…. Yo conozco a “La Gardel con polleras”, a Rosita Quiroga, pero escuchen como ella hace Muchacho’. Para mi fue un grande y tengo los mejores recuerdos de él”, expresa.
     Estela pasó por los lugares más emblemáticos de Buenos Aires desde La Academia porteña del Lunfardo, Bien Bohemio, Esquina Osvaldo Pugliese y La Academia Nacional del Tango hasta la Esquina Homero Manzi entre otros. “Cantar en El Tábano, que era como la casa del Polaco Goyeneche para mi era como estar en el Madison Square Garden, lugar que me gustaría estar representando a Argentina o antes de empezar una pelea de boxeo. Eso sería genial”, dice entusiasmada.

Corazón Calamar

     “Yo soy de Boca de toda la vida, pero también de Platense porque nací en la zona. Mi padrino Leopoldo, “El Turco”, fue una excelente persona, muy querido por todos lados. Un hombre que sabía hacer desde ñoquis hasta instalar gas o hacer una mesa. Un ser humano que me ensenó muchas cosas en la vida. Él me llevaba a ver a Platense porque sabía que yo jugaba al vóley y hacía atletismo en el club. Ya de grande me convocaron dos veces para actuar y en un aniversario me pasó algo muy loco: Venía de cantar de otro lugar y cuando llegué ya habían empezado a comer. Yo no había llevado guitarrista para ese momento, llevé pistas. Comienzo a cantar y la gente, claro, ya estaba comiendo, entonces en un momento digo: No pará para pará. Vamos a ponernos de acuerdo. Y la gente medio como que no entendía nada y ahí se hizo un silencio donde aproveché y dije: Miren yo les voy a pedir mil disculpas por mí llegada tarde. Pero vengo cruzando medio país para poder llegar hasta acá porque no me quería perder esta fiesta. Platense es mi club desde que tengo 10 años y les voy a cantar algo que canto desde chiquita y empecé: “En España y Zufriategui hay un equipo muy famoso. Se corre la bolilla que este año es el campeón, ese equipo se llama Platense por su fuerza, garra y corazón” y ahí empezaron todos ¡Vamos, vamos, vamos calamares!”. Te juro que se me ponía la piel de gallina y bueno terminamos de cantar eso que todo el mundo lo conocía y ahí empecé con lo mío. Ahí me escucharon y después siguieron sirviendo las mesas”, repasa.

La nueva Estela

    Esfuerzo, pasión y compromiso la han llevado a obtener el Primer Premio a la interpretación en Zona Norte 2002, el de Zarate 2010 “Buscando la Voz del Tango” o el certamen para canción inédita del 2011 donde ganó con “Milonga del perdón”, con letra de Alda Salzarulo. Pero por sobre todas las cosas, logró ese premio que no todos los artistas puede conseguir. El aplauso de la gente. Hoy además de sus propios espectáculos asumió un “nuevo rol” que hace con gran placer y dedicación. “La gente piensa que soy una productora, pero yo digo que hago lo que puedo. Trato de mostrar lo mejor de los demás, de mis compañeros y de gente joven que ya está en el ambiente. Uno de los espectáculos que hice fue “De músico, de poetas y de locos todos tenemos un poco” y uno de los primeros invitados fue Atilio Stampone. La idea de traer un “cinco estrellas” era que se conociera con estrellas en formación, gente joven que viene peleándola y quizás no encuentra espacios donde mostrarse. Después dije: Qué puedo hacer para que haya hombres también cuando yo estoy cantando y busqué a Cristian Pasman y Sebastián Alegre, que hacen las cosas muy responsablemente. Fue algo que estrenamos en la Academia Nacional del tango, donde me abrieron las puertas gente maravilla como Roberto Selles, Horacio Ferrer, Walter Piazza, Gabriel Soria y Fernando Finvarb. También hacemos con Alda Salzarulo “En nombre del tango”, donde agarramos un referente del género, por ejemplo Manzi, buscamos todas sus obras y seleccionamos las más importantes y ella las desmenuza; cuenta el porqué, donde hizo pie el artista y yo preparo los tangos y los voy cantando con algún guitarrista”, puntualiza.
     No sólo su voz es dulce, también su mirada y su esencia. Así es Estela Bonnet, simple y soñadora; sencilla y pasional. Una emprendedora que se hizo camino al andar. Una piba de barrio que se despide diciendo: “Espero que haya mucha gente que no pierda las esperanzas. Que sepan que una noche quizás se cumplan todos los deseos”. Habrá que tomar sus palabras entonces, después de todo habla con conocimiento de causa.


 Mi agradecimiento a Cacho Lemos por su colaboración.