jueves, 11 de junio de 2015

Contrato moral

   Nos fuimos con lo justo sin mirar atrás, con rabia y dolor, pero con las convicciones intactas. Los que se quedaron se tuvieron que callar manteniéndose al margen.
  Desde que los milicos lo habían bajado a Frondizi en el 62, ya la cosa no daba para más. Hacía mucho que nos veníamos tragando el orgullo de ser lo que éramos, hasta que un día no aguantamos más. A mi la vida me llevó a Sudáfrica, lo mismo hubiera sido al Congo Belga o algún archipiélago perdido en el mapa.
  Al poco tiempo de mi llegada me enteré que un equipo de rugby argentino andaba por esas tierras realizando una gira. Yo lo único que sabía de ese deporte era que se jugaba con una pelota ovalada, pero eran mis compatriotas y no dudé de estar junto a ellos. La cita era en el majestuoso Ellis Park Stadium de Johannesburgo, el 19 de junio de 1965 donde según decían, los Juniors Springboks nos pasarían por arriba, pero no fue así.
   Aún guardo en mis retinas la imagen congelada del vuelo eterno en palomita de Marcelo Pascual, con la pelota aferrada entre sus manos cuando el tiempo se detuvo y el posterior silencio de un estadio que no podía creer que esos tipos sudamericanos les habían mojado la oreja. Ellos nunca hubieran imaginado los festejos posteriores, la emoción y las lágrimas. Cómo no iban a llorar esos jugadores si con garra y corazón habían logrado una verdadera hazaña, un histórico e inolvidable triunfo por 11 a 6 que hizo nacer para siempre el apodo de “Los Pumas”.
   Muchísimos años después cuando retornó la democracia regresé al país. Volví a tener sus voces en mis oídos y a sentir el aire que entibiaba sus calles. Como si fuese una obligación moral, un contrato no firmado, cada vez que Los Pumas juegan en Vélez o en Ferro voy a verlos, porque hay como un lazo que me une a ellos desde aquella lejana tarde africana.
   Sigo sin entender las reglas del juego y no me importa. Me basta con estar cerca de ellos, con verlos cantar el himno, con ver flamear la bandera celeste y blanca recortándose entre las nubes, como aquella vez cuando a miles de kilómetros de distancia, me hicieron sentir el orgullo de ser argentino.

sábado, 2 de mayo de 2015

Entrevista a Sandra Pisani



“Quiero ser parte de la cultura nacional”

En su amado barrio de Caballito, la cantante y profesora habló tanto de su presente como de sus inicios en el mundo artístico; de su gira a China, del premio que recibió en La Falda y de su “relación” con Ferro Carril Oeste. Pasional, sensual y amante de lo que hace, supo lucir todo su talento por los lugares más renombrados del ambiente tanguero.

Por Rodrigo Gaite

Sandra Pisani,una voz única del tango argentino 
 Caminar por Parque Rivadavia un jueves, es muy distinto que hacerlo un sábado o un domingo cuando el lugar se llena de gente y las veredas se cubren de manteros y vendedores varios. Así y todo, son muchas las personas que transitan por las calles de uno de los barrios más tradicionales de la Capital Federal. En el medio del gentío Sandra Pisani, con sus cabellos rubios que destellan bajo el cálido sol del mediodía, camina las pocas cuadras que hay desde su casa hasta el café donde, té rojo de por medio, antes de ir a dar sus clases hablará de su pasado y de los proyectos que tiene en mente, como el show que ella misma gestiona y que presentará el 30 de mayo a las 22 en el bar “El Viejo buzón”, de Espinosa y Neuquén junto a sus alumnos y artistas invitados. Un show integral con tango, melódico, bolero, lirico y latino. O sea un show a lo Sandra Pisani, porque así es ella, amante de todos los géneros desde que tiene uso de razón. “Empecé cuando era una niña porque vengo de una familia que por parte materna le encantaba el arte. La hermana menor de mi mamá se llamaba Mary y fue novia de Leo Dan, a ella le gustaba mucho la actuación y tuvo algunos bolos en algunas películas de Porcel. Ben Molar la quiso hacer grabar un disco, pero finalmente no se dio y a partir de mi mamá y mi tía Mary empecé a cantar”, comenta Sandra.
    Claro que una cosa es cantar por cantar y otra es hacerlo “En serio” y frente al público “Mi primera actuación profesional, por así decirlo, fue a mis 8 años con mi escuela en el teatro El Globo y me hicieron interpretar una vidalita con la profesora de piano. Casi me muero porque con 8 años y en un teatro completo fue un momento muy complicado para mí. Pero fue el puntapié para que siguiera porque a los 17 después de terminar el secundario empecé a estudiar canto con una profesora del Colón que se llamaba Nilda Hofman. Comencé haciendo lirico, un poco fue querer ser una Prima donna y por unos puntajes no puede entrar en el Instituto del Colón. Entonces desistí porque era una carrera costosísima y empecé con otros géneros musicales y me fui a la otra cara, pasé de la A a la Z. Me fui al Rock and roll, al heavy metal y al blus. Pasé de querer ser una Prima Donna a querer ser una cantante de heavy metal. Por el 94, 95 tuve una banda de blus y en el bar “Vía Cerino” de Segurola y Rivadavia, que era de la familia de Jorge Rial, nos dieron una placa en reconocimiento en un concurso. Después seguí con el jazz, el blus, la música disco y latino. Trabajé mucho en “La Bohemia Cafe Concert” en Morelos y Yerbal, por ese momento yo tenía unos treinta y pico”, dice recordando aquellos años.

Tango que me hiciste mal

    Por esos tiempos a Sandra se le podía hablar de cualquier cosa menos de tango, ya que no le tenía mucha simpatía que digamos. “El tango aparece en mi vida en el 94. Yo digo que el tango me llamó, fue una casualidad. En el diario Clarín vi un aviso que decía que se buscaba cantante para obra musical y me presenté. En la cola había mucha gente que cantaba tango, entonces yo dije: ‘Qué raro’. Le pregunté a una chica y me dice: ‘Esto es para un sainete’. Yo dije ‘Bueno, ya estoy acá, así que me meto’. El director de la obra era Luis Acosta y yo no sabía qué iba a cantar, yo con el tango no quería saber nada. Le apagaba la radio a mi vieja y el televisor cuando estaba mirando Grandes Valores y yo que sé. A ella le gustaba mucho Argentino Ledesma y Susy Leiva pero yo no quería saber nada con eso. Finalmente me llamaron y el único tango que me acordaba, porque lo cantaba mi mamá, era “Grisel”. Así que entré con “Grisel” y a la semana me llamaron, diciéndome que estaba adentro del elenco. Éramos once personas y todo se hacía a pulmón. Estuvimos con “Ilusión esquina tango” durante casi 4 años dando vueltas por San Telmo. Ahí me conecté con la que fue la esposa de Cuti Carabajal. Ya en el 2000 arranqué en el Cafe Concert como tallerista de coach vocal. Empecé con una alumna y terminé teniendo como treinta y los viernes a la noche hacíamos shows donde cantaba yo y también mis alumnos. Hacíamos todos los géneros, fue una etapa muy enriquecedora. Después seguí dando clases a mis alumnos a domicilio y hacíamos dos presentaciones al año”, detalla la rubia porteña.
    Gracias a su gran capacidad para interpretar diversos estilos, Sandra pudo mostrar su talento frente a las cámaras de televisión. “Participé en un concurso que se llamaba “Rumbo a la fama” con Leonardo Simons en canal 9. Yo era muy gustosa de lo melódico. Era fanática de Camilo Sesto y Ángela Carrasco y me presenté con un tema que se llamaba “Ahora o nunca”, con la orquesta de Panchito Nole, en ese momento los canales tenían orquestas en vivo. Era un lujo. Llegué hasta la semifinal, no pude estar en la final pero la experiencia de estar en Canal 9 y frente a las cámaras fue importante para mí. Después en la tele no me presenté nunca más hasta que empecé a concursar con el tango y participé en otro casting en el año 2001. Pedían cantantes para jazz y tango y me presenté para las dos y oh sorpresa quedé para tango como me pasó con el sainete. Trabajé con el elenco de Jorge Sergiani “Buenos Aires, pasión de tango” y estuvimos en el teatro de la Comedia y en otros lugares. Ahí empecé como a pisar más fuerte y a encaminarme más con el tango, igualmente seguía con todos los demás géneros”, expresa.

Chanda Pichani, ¡Archentina!

   Si algo le faltaba a Sandra era cumplir el sueño de todo cantante. Salir de gira y la oportunidad se le presentó en el 2011 cuando fue convocada para viajar a China. “Fueron 32 horas de vuelo. Era mi primera gira y fue posible gracias a la compañía “Conjuro Tango” de Analía Carreño y Luis Ramírez que una vez me escucharon y me empezaron a contratar para casamientos. Hasta que un día me llaman y me dicen: ‘Sandra, queremos hablar con vos, porque tenemos una propuesta para grabar, porque nosotros hemos dados muchas clases en China y Japón y quieren un video para hacer un espectáculo’. Por esas casualidades de la vida grabamos justamente en el teatro El Globo, hicimos como si fuese un micro de video de lo que podía llegar a ser el espectáculo y lo mandaron a China, lo aprobaron y empezamos con los ensayos. Era una especie de comedia musical con bailarines, donde los actores y cantantes teníamos un argumento. Había que hacer los ensayos y el ensamble de toda la compañía. Fue una prueba muy fuerte y muy linda”, explica.
   Claro que estando en un lugar así es imposible que Sandra, además del recuerdo por las actuaciones, no se haya traído alguna que otra anécdota. “Los teatros son enormes como todo en China. Siempre conservaron esa cosa de imperio y todo lo hacen a lo grande. Las edificaciones son enormes, las puertas, todo y las distancias desde el camarín a los escenarios también son enormes. Yo no soy bailarina y no tengo el estado físico de los bailarines, así que era muy gracioso verme con los zapatos en la mano corriendo de los camarines al escenario cada vez que me tenía que cambiar. Había como dos cuadras del camarín al escenario”, evoca entre risas y enseguida se acuerda de otra. “La primera semana fue terrible, yo pensaba encontrarme con la comida del barrio chino argentino y resulta que me encontré con otra cosa totalmente distinta. Algas en el desayuno a las 7 de la mañana, fideos con aceite tipo sopa a las 10, pescados que los agarraban vivos de las peceras para meterlos a freír. Cosas insólitas, había compañeras que me decían: ‘Acabo de comerme un alacrán frito’. Cosas que tienen que ver con otra cultura, pero el producto salió perfecto y quedaron muy conformes”.

De Caballito a La Falda

   Fiel a su estilo de golpear puertas y buscar oportunidades, el destino la sorprendió nuevamente con otro viaje, pero esta vez un poquito más cerca. “En el 2012 navegando por el mundo internetero me enteré que estaba abierto un concurso para las voces del tango en La Falda. Envié un demo a un mail que correspondía a Córdoba. Me llaman a la semana y me dicen: ‘Hola que tal, hablamos de Córdoba capital y queríamos decirte que saliste asignada para concursar en la previa de lo que sería el certamen nacional de La Falda’ y yo pregunté: ‘Bueno. ¿Pero adónde tengo que ir? Y me dicen: ‘Tenés que venir a Córdoba capital’, yo no lo podía creer, entonces me preguntan: ‘Pero vos de dónde sos’. Y le dije que era de Caballito, capital federal. ‘Pero y cómo no te anotaste en tu sede’ me dicen y yo le contesté que no sabía que había sede en Capital. Así que agarré mi bolsito y me fui para allá. Participé con un tango que siempre me trajo muchísima suerte “Bailemos”, que lo amo con toda mi alma. Gané la sede de Córdoba y me mandaron como representante de Córdoba a La Falda. En La Falda participé en dos certámenes para las rondas clasificatorias y quedé con dos varones en la final y oh sorpresa cuando Silvio Soldán, que estaba en la locución dice: ‘El ganador del premio voz revelación es Sandra Pisani’. Yo estaba a metros del escenario y no llegaba nunca y Soldán que se ponía impaciente ‘Dónde está esta chica que no se esperaba que ganaba parece’ y la verdad que no. Para mi fue una puerta muy grande ese certamen, porque al año siguiente me contrataron como artista y estuve en una noche soñada donde compartí escenario con María Graña y Raúl Lavié, que para mi son como mis dos ídolos. Fue una noche maravillosa”, dice rememorando aquella experiencia inolvidable.
   No fue la única vez que estuvo cerca de Soldán, unos años antes, en el 2009 Sandra fue participe del ciclo “Aguante tango”Un amigo me dijo que había un programa de tango que lo conducía Silvio Soldán y producía Alfredo Gago con su hija Aldana y que me presentara. Estuvimos concursando como cinco meses en el bar Quintino y todos los miércoles había rondas de cantores. Llegué a la semifinal y salí en el programa en cuatro oportunidades”, cuenta.

El arte, la otra razón de su existir

   Pero no sólo la música es parte fundamental de su vida, también tiene otra pasión: El arte. “Lo más lindo que nos pasó con mi papá fue viajar a Europa juntos, porque él quería conocer a su familia paterna. Él era de Logroño y decidió llevarme a mí porque mi hermana era muy chica y mi mamá no quería viajar. A 18 años conocí Florencia, Pisa, España e Italia con su viejo mundo y quedé enamorada. Entonces me dije: ‘Yo quiero estudiar arte’ y cuando llegué acá, me puse a estudiar en forma particular con un profe y rendí examen en la escuela Manuel Belgrano, entré y fueron 4 años de maestra de dibujo, después quise seguir el profesorado e hice tres años más de carrera en el Prilidiano Pueyrredón. Antes de recibirme he trabajado de cualquier cosa, de operaria en fabricas, planchando camisas, de vendedora y hasta de repartidora de pollo”, detalla y agrega otro dato de su carrera artística: “Además con la música tengo un CD que me regaló Héctor Miglio, un amigo que es un cantorazo. Es un demo que circuló por todas las radios y por todos lados, es como un disco independiente y en el pasado tuve la suerte de grabar con un cuarteto con músicos en vivo. Mi sueño es grabar un disco de verdad con músicos y orquesta en un estudio y que pueda salir en las bateas.”
    Otras de las tantas satisfacciones que recibió Pisani, fue en el 2014 cuando estuvo en el certamen nacional de Baradero. “Me la jugué nuevamente, primero hice la sede capital y luego en Baradero participé en el festival nacional. Pero a mi me gustaría estar en todo el país, poder llegar a todas las provincias. Soy muy nacionalista y quisiera hacer una gira por todo mi país”, revela. Mientras tanto, gracias a la movida que lleva adelante Claudio Durán del grupo “Las perlas del tango” y con el que organiza Gabriela Miguel “Quiero al tango” pudo estar presente en diversos salones de la Legislatura porteña.

Amor verdolaga

    Con toda su vida transitada por las calles de Caballito, era imposible que Sandra no le hiciera un lugar en su corazón al club del barrio. Ferro Carril Oeste, pero el tema es que lo hizo de una manera muy particular. “Con mi hermana éramos medio fanáticas del básquet e íbamos a ver los partidos a Ferro. Yo siempre fui amante de la raza negra en todas sus expresiones, en el canto, en la danza, me llamaba mucho la atención el negro. Un día uno de los basquetbolista, un negro de dos metros, del sur de Estados Unidos me pidió el teléfono y después de un tiempo terminamos saliendo. Tuvimos un amorío y luego resulta que cuando yo voy a cantar a “El Viejo buzón”, “Toto” Evangelista que había sido presidente de Ferro me dice: ‘Y vos con Ferro qué tuviste que ver’ y le conté que tuve un amor, que salí con este muchacho y me terminó diciendo que había sido su preparador físico.
   Era muy gracioso porque él pasaba por la cuadra de casa y todos lo miraban. Imagínate que no pasaba desapercibido. Además para la gente del barrio era un tipo famoso, era el número 14 de Ferro. Yo tenía unos 32 años cuando lo conocí y fue muy lindo”, declara la ex de Carlus Groves.
   Si bien pasó toda su existencia en Caballito, hubo un periodo que lo hizo en Villa Urquiza y otro en Agronomía “La casa donde doy clases en el taller del Sol, fue la casa de mi abuela. Es una anécdota muy linda. Yo no tenía trabajo y mi ex marido me pasó un teléfono y resultó ser que era el número de teléfono de la casa de mi abuela, que la habían reciclado y hecho taller de arte y estaban buscando profesoras”, comenta.

Pisani 2.0

    Como le pasa a muchos artistas Facebook es una herramienta más que interesante para su carrera. “Me interesa mucho porque es una red de todos colegas que están en el ambiente artístico en todas sus expresiones ya sean bailarines, cantores o artistas plásticos. Me he relacionado con galerías de artes y periodistas que han sido muy buenos al presentarme en sus programas como Juan Imperial, que me ha hecho muchos reportajes al teléfono y también en la radio, él es un gran difusor de todo lo que es la cultura tanguera. Después he estado en radio Génesis con José Marino y también he conocido boliches tangueros y programas televisivos como “Te sigo queriendo”, que se emite por Telemax, todo eso gracias a las redes sociales”, menciona.
   Hoy por hoy gracias a Internet y a YouTube es posible disfrutar de algunas de sus actuaciones. “Me la suben amigos que son re gauchos, como Claudia Morgade que es una divina. Casi todas las grabaciones que tengo son de ellas y después hay algunas de los certámenes”, señala. Vale la pena meterse en el buscador y poner su nombre para disfrutar de su talento y embriagarse con su voz con temas como “Bailemos”, “Aprender a volar”, “Malena”, “Pasional” y uno que para ella representa algo muy especial. “Los pájaros perdidos” de Astor Piazzolla y Mario Trejo. “Tuve la suerte de hablar con Trejo por teléfono unos meses antes que falleciera y decirle lo groso que me parecía. Ese tema me transporta, porque es como que me hace revivir muchas cosas que perdí y nunca quise haber perdido”, confiesa.
   Canta con el alma, deja todo sobre el escenario y no para de crecer. “Mi objetivo es ser un nombre en la cultura nacional. Que la gente sepa quien fue Sandra Pisani, que sepan que fue parte de la cultura porteña y de su país, es como mi deseo”, concluye Sandra, una artista con calle y talento que no deja de soñar.

domingo, 19 de abril de 2015

Charla con Pedro Catalano



 La vida desde el arco

Es uno de los jugadores más emblemáticos del fútbol argentino, disputó 371 partidos en Primera División y 333 de forma consecutiva. Comenzó en Villa Dalmine y se convirtió en un ícono del Deportivo Español con el que vivió momentos de gloria. Se retiró en Arsenal y desde hace unos años volvió a la entidad del Bajo Flores como entrenador de arqueros.

   Por Rodrigo Gaite

Pedro Catalano y su amado Deportivo Español
foto: www.copaargentina.org
  En su texto “El estadio”, Eduardo Galeano dice: “¿Ha entrado usted, alguna vez, a un estadio vacío? Haga la prueba. Párese en medio de la cancha y escuche. No hay nada menos vacío que un estadio vacío. No hay nada menos mudo que las gradas sin nadie”. Al ingresar al estadio “Nueva España” que el Deportivo Español tiene en el Bajo Flores, aunque nunca se haya estado ahí, se tiene la sensación de estar en un lugar saturados de recuerdos, se pueden palpar los ecos de un pasado glorioso y de grandes tardes domingueras. Hoy queda el silencios del silencio de una institución modelo, que no murió, pero que se equivocó y pago, y lo pagó tan caro que lo perdió todo, o casi todo. Porque a decir verdad Español vive, no como en los viejos tiempos, pero vive.
   Es una mañana fresca y el viento sopla fuerte durante el entreramiento del equipo que milita en la primera B metropolitana. Cerca del mediodía Pedro Catalano termina de trabajar con los arqueros del plantel a los que le aporta toda su experiencia. Claro, quién mejor que él para trasmitir lo que significa atajar en el arco de “El Gallego”. “Estoy desde el 2011, después de peregrinar un poco en los últimos años por el interior del país trabajando, encontré acá en Español un lugar más tranquilo y más calmo para instalarme y poder desarrollar la actividad con los arqueros de la primera y los de cuarta, quinta y sexta”, explica.  
    Como será de importante Catalano para el club, que un sector del estadio lleva su nombre. “Gracias a Dios es un homenaje que el club me hizo y que uno lo puede ver en vida. Fue por el 99 más o menos. A veces la gente me identifica mucho por la calle y quizás no se acuerdan mi nombre, pero recuerdan que era el arquero de Español. También me doy cuenta de que cuando yo voy a algún lado con el nombre de la institución, también aparece el mío. Me siento muy orgulloso de eso. Esto lo digo con toda humildad, pero uno sabe que es un ícono del club, quizás por la cantidad de partidos que jugué, por los años que estuve. Yo me siento muy a gusto por el cariño de la gente que me lo demuestra a diario. Me hace sentir muy cómodo, muy a gusto”, comenta.

Violeta, su primer amor

   Un tiempo antes de empezar a ser parte de la historia de Español, Catalano comenzó a dar sus primero pasos en el arco de Villa Dalmine, la entidad de Campana le abrió las puertas del fútbol de ascenso. “Yo jugaba en la liga de Lanús y trabajaba como técnico mecánico. Era supervisor en una empresa metalúrgica, cuyo gerente era Schoklender, el padre de Sergio y Pablo. La empresa estaba en Barracas y los fines de semanas despuntaban el vicio jugando en la liga. Hasta que alguien me hizo la oferta de ir a jugar a Dalmine, cosa que no me pareció buena porque era muy lejos, eran como 60 kilómetros y yo no tenía auto. Era complicado y la deseché, pero con el tiempo siguió insistiendo hasta que me convenció y fui medio año. Jugaba los partidos de tercera y por supuesto no estaba fichado. Seguí con mi trabajo hasta que a fin del 74 me ofrecieron un contrato y quedarme. Les dije que si, cuando llegué había dos arqueros y encima yo llegaba del anonimato. Pero cuando me vieron, a la quinta fecha estaba siendo titular. Jugué todo ese año y ascendimos a la B. Ese fue uno de los mejores equipos de la historia del club, el famoso “Holanda de la C”, un equipo formado por Roberto Rolando que las últimas fechas fue dirigido por la subcomisión de fútbol. Cuando empezó el certamen de la B, a los pocos partidos recibí un ofrecimiento de Deportivo Español que estaba en la C. Entonces rescindí mi contrato, la gente de Dalmine lo entendió y en marzo del 76 arranca la historia con Español”, recuerda.  
    Por aquellos días Pedro comenzaba a darse cuenta de lo que significaba ser jugador profesional, algo que no había pensado cuando era chico y veía atajar a uno de los más grandes de todos los tiempos. “Yo lo vi atajar a Amadeo Carrizo, un arquero sensacional que facilitaba todo y después de grande tuve la suerte de que la revista Goles me hiciera una nota compartida con él. Para mi fue muy linda, muy emotiva y la guardo con mucho cariño. De chico era de River, me llevaba mi tío a la cancha. En ese tiempo había que tomar el colectivo, el trole, era una maratón para llegar allá. Ahí empecé a ver a Amadeo y ahí empezó un poco mi idilio con el arco. Pero nunca me había propuesto ser profesional. De chico era un poco tímido, me costaba ir a la pruebas de los clubes. Solamente fui a una prueba en Boca en la cancha de Barracas Central y siempre me hacían volver a ir, hasta que un día nos fuimos de vacaciones con la familia y nunca más me llamaron. Te llegaba la citación a tu casa en un sobrecito que te traía el cartero y que decía el día y la hora. Nunca me propuse ganarme la vida de esto. Hasta que me di cuenta que era profesional y tuve que dedicarme de lleno y llegó un momento en que tuve que tomar una decisión que fue muy resistida por mi familia, salvo por mi esposa que me apoyó siempre”, repasa.
   Por entonces, cuando él se afianzaba cada vez más en el arco, al Deportivo la divisional comenzaba a quedarle chica y en 1979 obtuvo el ascenso a la primera B. “Español ya era un grande de la categoría. Si bien no teníamos el estadio estaba la ciudad deportiva. Las primeras fechas trajeron a Jorge Pérez de técnico y a partir de la fecha diez llega el “Vasco” Iturrieta que empezó a trabajar de otra forma. Ahí el club empieza a despegar, hicimos una muy buena campaña luchando de atrás con Lanús que nos llevaba siempre la delantera, hasta que en las últimas fechas lo pudimos alcanzar y los pasamos por un punto”, recuerda “El Flaco”.
   Un lustro después de haber obtenido ese logro, toda la comunidad española en Argentina infló el pecho de orgullo cuando a partir del 85 dejaron las tardes de los sábados para pasar a jugar los domingos contra los grandes del fútbol argentino. Pero antes de eso, como primero hay que saber sufrir, el “Depor”, casi pierde la categoría. “En el 83 casi nos vamos al descenso. Jugamos un partido definitorio en Junín contra Central Córdoba donde el que perdía descendía. Español mantuvo la categoría y en el 84 armó un equipo interesante. Trajo a Oscar López y Oscar Caballero como técnicos que tomaron el toro por las astas e hicieron una revolución y a partir de ahí hicimos una campaña extraordinaria. En ese torneo estaban Racing y Gimnasia, y Español que venía de la B se consagró campeón cinco fechas antes. Para nosotros fue muy importante, no sólo por haber logrado el campeonato, si no también por la forma en que se jugaba y la forma en que ganábamos”, evoca.
   En la máxima categoría la historia fue otra. “El campeonato del 85 arranca con un Nacional que yo no lo jugué porque cuando ascendemos se van López y Caballero y llega Jorge Habbeger que trae a otro arquero (Esteban Pogany) y por eso yo estaba en el banco. Termina el Nacional donde quedamos eliminados rápidamente, se va Habbeger, vuelven López y Caballero y yo debuto en la primer rueda del Metropolitano 85/86 contra Newell`s, un partido que empatamos uno a uno. Jugué todo ese año seguido  y después me echan en la primera fecha del otro campeonato y cuando regreso contra Gimnasia y Esgrima de La Plata arranca esa seguidilla de partidos consecutivos. Nunca se me cruzó por la cabeza tener ese récord que significa haber jugado ininterrumpidamente desde junio del 86 hasta diciembre del 94. Si le sumamos que había arrancado un año antes en el 85 y había faltado un solo partido es una barbaridad. En el medio tuve que superar algunas lesiones y algunas molestias. En el fútbol nadie te regala nada. Si vos andas mal te rajan. Es mentira que el técnico te banca”, manifiesta.

Francescoli, el verdugo de turno

   Por diciembre del 94 la relación entre Pedro y los dirigentes de la entidad presidida por el polémico Francisco Ríos Seoane no andaba muy bien que digamos y en el medio de esa situación llegó el partido contra el River de Passarella en cancha de Ferro “Yo digo que a veces a las cosas uno puede seguir manteniéndole la forma sin cambiarle el fondo. Ellos estaban esperando la oportunidad para sacarme. Me hubiera gustado que viniera alguien y me hablara de frente. Yo hubiera entendido perfectamente si me hubiesen dicho: ‘Mirá te vamos a sacar porque andas mal’, pero no había necesidad de todo lo que pasó después. Me fui muy mal porque ni siquiera me siguieron pagando lo que me debían. Tuve que reclamar cuando todavía tenía seis meses de contrato. El gol de Francescoli fue la excusa perfecta para los dirigentes, no tenían otros argumentos para sacarme”, sentencia.
   Pero su relación con el fútbol no terminó aquel 25 de noviembre del 94 cuando el conjunto dirigido por el “Toti” Iglesias cayó por 3 a 1 y marcó el final de los 333 partidos en forma consecutiva de Catalano en el arco de Español, Arsenal de Sarandí confió en él y le dio la posibilidad de seguir jugando en el Nacional B. “Fue una experiencia muy linda, donde me encontré con muchos chicos que firmaban su primer contrato y me sentí un poco el referente de todos. En ese equipo estaban el “Moncho” Ruiz y Óscar y Darío Espínola entre otros. Termino ese año, mantenemos la categoría en el Nacional B y al año siguiente me quedé como ayudante de campo de Iturrieta, después a las cinco o seis fechas él se va y yo estuve un solo partido hasta que vino otro entrenador”, repasa ex portero como dirían en España y rememora su último partido, el cual no finalizó de la mejor manera. “Jugamos en cancha de Arsenal contra San Miguel. Era un repechaje para mantener la categoría. Habíamos empatado 0 a 0 en la ida e íbamos ganando uno a cero en la vuelta. Faltaban tres o cuatros minutos y se armó una bataola. Saltaron los hinchas de Arsenal  y los de San Miguel adentro de la cancha y se entraron a dar”.

Recuerdos que no se pueden borrar

  Desde su debut en Primera hasta su retiro pasó de todo. Son tantos los cotejos memorables que sería imposible nombrarlos a todos, pero como no recordar aquel domingo en La Boca cuando el conjunto de Óscar Washington Tabárez tenía todo preparado para festejar el Apertura 92 y Español, que esa vez se vistió de blanco, le aguó la fiesta ganándole 3 a 2. “La Bombonera explotaba, muy pocas veces la vi así. Cerca del arco se sentía como una vibración. Para nosotros era una incursión de un grupo terrorista. Éramos 16 jugadores y 8 o 9 integrantes del cuerpo técnico. Pero siempre Español estuvo acostumbrado a jugar de visitante, no nos pesaba y estábamos muy tranquilos. Sabíamos el libreto que teníamos que utilizar tratando se sacarle la pelota al rival. Fue un partido redondo”, comenta. No fue la única vez que el Deportivo tuvo a mal traer al Xeneize, en el Apertura 91 también lo amargó. “Íbamos perdiendo 3 a 1 en La Bombonera y en el arranque del segundo tiempo le dan un penal a ellos, lo que hubiera sido el 4 a 1. Lo patea Cabañas y lo atajo. A partir de ahí el equipo reacciona y empatamos 3 a 3”, evoca Pedro.
   Hubo muchos más como aquel partido en cancha de Instituto. “Español venía como de diez fechas sin victorias. Íbamos ganando 2 a 1 y después de 4 minutos el referí cobró penal y se terminó el partido, los jugadores se retiraron de la cancha y quedé yo solo con el que pateaba que era Walter Fiori. Si lo atajaba ganábamos y si no empatábamos. Tuve la suerte de atajarlo y por eso fue un momento muy especial. Pero hay muchísimo más. Por suerte tengo muchos CD que los fui pasando de a poco porque los tenía en VHS y a veces dijo: ‘La pucha que era grande Español’ porque en aquellos tiempos era un equipo importante. Luego vino la debacle, se trajeron jugadores a palada que venían de cobrar otras cifras y se firmaban contratos que después no se podían pagar. Hoy el club está en una pelea dura. Primero porque se perdió todo. Hay una parte (La que está el estadio) que está en comodato por 20 años. Después el club ofrece poco y hay poca masa societaria. Cuesta mantener todo y jugar en la B tampoco ayuda. Los ingresos no terminan de cerrar”, detalla el hombre que junto a Walter Parodi, Sergio Zanetti, Rafael Luongo, José Batista y Pablo Michelini entre tantos supieron vestir la camiseta roja con la publicidad de “Bieckert” en aquellos años dorados del Deportivo Español.

Brindando experiencia

   Tantos conocimientos acumulados no podían ser desaprovechados y por eso después de haber dado clínicas y charlas sobre el puesto de arquero, trata de brindar todo lo que aprendió. “Desde hace un tiempo se puso muy de moda esto de entrenar arqueros. Si uno agarra el Facebook ve doscientas cincuenta mil academias y personas que entrenan arqueros. Yo digo que una cosa es entrenarlos y otra cosa es formarlos. No es lo mismo enseñar que entrenar. Uno pone Internet y tenés tres millones de trabajos, pero después tenés que saber debajo de los tres palos, cómo la tenés que agarrás, el gesto que tenés que hacer. Hay un montón de cosas que no podes saber si nunca jugaste de arquero o no conoces el puesto. Por eso yo digo que los chicos tienen que escuchar, porque la experiencia que uno tiene no figura en los libros. Yo cuando no sé algo pregunto. Uno es burro por un minuto, no por toda la vida. Cuando no sé pregunto o recurro a alguien que sé que sabe más que yo y me puede solucionar el tema. Ahora si vos crees que te las sabes todas y no querés preguntar y no querés saber nada… Yo a veces les digo a los chicos que pregunten porque yo jugué como seiscientos partidos en primera más los entrenamientos. Vos te imaginas cuántos centros y cuántos córners me habrán tirado a mí. Entonces yo puedo decirte muchas cosas, cómo tenés que pararte, donde se tienen que parar los defensores, pero pareciera ser que algunos no lo necesitan. Esas son las cosas que me molestan, porque uno está para ayudar. Yo cuando preciso algo de un delantero a quién le voy preguntar. Tengo la suerte de trabajar acá con el “Puma” Rodríguez, que es un especialista. Entonces voy y le pregunto”, afirma.
   Como le suele pasar a muchos ex jugadores que dejaron una buena imagen en el fútbol, gracias al “Facebook”, Catalano se siente cerca de la gente. “Gracias a Dios me pasa que la gente me sigue muchísimo. Ya llegué como quince veces al límite de amigos permitidos. Me ha dado la posibilidad de ir a realizar muchas clínicas por el interior, de conectarme con gente que me invita a un partido o me habla alguien que cuando tenía 4 años se sacó una foto conmigo y me lo recuerda o me da la posibilidad de encontrarme con hijos de ex jugadores. Las redes sociales están muy buenas y yo las uso mucho”, revela.
   Los jugadores se retiran y el estadio va quedando desolado, mientras el viento sigue soplando fuerte y cruza el campo de juego. Pedro Catalano, también se va para su casa, a la otra claro, a la que vive con su familia, porque a nadie le cabe duda que su verdadera casa es el Deportivo Español.











domingo, 29 de marzo de 2015

Entrevista a Susi Cané

Cantar, por sobre todas las cosas

Aunque se crió en una familia de artistas comenzó a cantar a los 27 años. Formó un dúo junto a su ex marido Juan Carlos Dileo e integró “Las primeras mujeres mariachis”. Hizo publicidad y con el tango pasó por los escenarios más renombrados de Buenos Aires. Lleva la música en la piel y mientras participa en diversos eventos prepara su cuarto CD.

Por Rodrigo Gaite

Susi Cané y su amor por la música
   Viernes. 15.30 Avenida de Mayo y Rivadavia, pleno corazón de Ramos Mejía. Un hormiguero de gente camina bajo los primeros síntomas del otoño cuando Susi Cané desciende del tren. No muy lejos de esa concurrida esquina, ajena al gentío y durante casi dos horas, la cantante criada en Haedo, hablará de su vida arriba y abajo de los escenarios. Sus ojos claros por momentos se cristalizarán por los recuerdos y las imágenes que surgirán durante la charla. Algunas de esas evocaciones son muy recientes como la de su actuación en la 43° Fiesta del Ternero en Ayacucho. “Fue una hermosa experiencia. Hacía 26 años que no iba a un festival por diversas circunstancias y fue posible gracias a Mirta Casali con quien me encuentro trabajando desde hace unos meses”, cuenta. Mientras prepara algunos eventos más junto a Casali, también trabaja en lo que será su cuarto CD que verá la luz llegando a fin de año y el cual va a tener un par de tema de su autoría como el que está dedicado al cura Brochero. “El tema lo empecé a escribir en el tren cuando iba a grabar ‘Toda una vida te esperaré’. Iba tan sensible y tan feliz ya que me reencontraba con el bandoneonista Roberto Álvarez de la Orquesta Color Tango, al que hacía 22 años que no veía que me salió en ese momento”, comenta mientras el aroma del café comienza a invadir el aire del bar.
   Suele viajar mucho en tren ya que vive en Haedo donde creció y empezó a tener contacto con la música desde que tiene uso de razón. Claro en su familia todos eran artistas y por eso ella fue creciendo entre compases y actuaciones. “Desde los 4 o 5 años jugaba a la bailarina con mi hermana. Con un palo de escoba subía y bajaba las escaleras cantando. Imitaba a Estela Raval y a Violeta Rivas, que con los años me enteré que era prima de mis viejos. Nuestros juegos siempre eran de artistas porque uno iba a las peñas y a las reuniones familiares donde se armaba la guitarreada de tango y folclore. Parte de la familia de mi abuelo era de Chascomús y yo viajaba con ellos y disfrutaba de la guitarreada. Me sentaba en la mesa y comía empanadas. Mi madre tocaba el piano y hacía actuación, siempre vi música en todos lados. De chica iba a la iglesia los domingos y en la escuela en los actos adoraba cantar, pero era muy tímida y de a poquito lo fui superando. Recién a los 27 años empecé a estudiar canto. Mi infancia fue muy linda porque he tenido mucho cariño de mis abuelos, de mis tíos y de mis padres. Mi abuelo escuchaba tango a las 7 de la mañana antes de que yo me fuera al colegio y los miércoles por la noche veía “Grandes Valores del Tango”. Me fui criando con todo eso y jugando a ser artista. Ya de grande le decía a mi abuela. ‘Qué te parece este tango’, lo ponía y hacía todo el movimiento. Después tenía una tía que me decía: ‘Cantá Tita Merello” y ahí empecé con el “Pipistrela”, que al igual que “Garufa” y “Niño bien” son tres temas que al día de hoy no puedo dejar de cantar”, expresa.
    También por esos tiempos y paralelamente a sus clases de canto cuando empezaba a forjar su carrera, su cara angelical la llevó a meterse en el mundo de la publicidad. “Pedí una licencia sin goce de sueldo en Morón donde yo estaba. Me fui a capital a trabajar y un día conocí a Juan Carlos Colonnese, uno de los descubridores de Susana Giménez. Me dijo que necesitaba mi cara para hacer publicidad y yo no le creí. A los dos o tres meses me encuentro con un matrimonio que estaba trabajando en eso y me dicen. ‘Por qué no haces publicidad’. Le comenté lo que me había pasado y me dicen. ‘Vos estás loca. Te perdiste la oportunidad de tu vida’. Ahí lo llamé y ahí comencé hacer publicidades para televisión donde generalmente hacía de mamá. Hubo otras como “El lindo patitas” y “Revlon”. Realicé fotos con Beatriz Salomón y algunos desfiles, pero después dejé porque la publicidad me llevaba mucho tiempo y me quedé con el canto”, rememora. Además en la década del ochenta participó como extra en la telenovela “Mi nombre es Coraje” y fue seleccionada para trabajar con el inolvidable Mario Sapag, aunque después no quedó.

Causalidades de la vida

   Por una de esas tantas relaciones entre causa y efecto que tiene la vida, a la de ella llegó una persona fundamental para su carrera. Tito Cursio. “Mi abuela estaba descompuesta y llamamos al cardiólogo, le tomó la presión y le puso una pastillita debajo de la lengua. Conversando y esperando que mi abuela se compense sale el tema de que a mi me gustaba cantar y que no tenía un profesor de canto; que no sabía dónde empezar y dónde buscar. Entonces me dijo que él casualmente durante su luna de miel conoció al hijo de un gran guitarrista. Tito Cursio y me dijo: ‘Yo si querés te llevo’ y a la semana siguiente pasó y me llevó. Hablé con Cursio y empecé. Después conocí a una gente de una radio de Morón que estaba muy conectada con Machado Ramos y Patricia Vel y Patricia me recomendó al maestro Miró. Estudié repertorio con Tito Cursio y a la par que lo hacía con Miró. Ahí conocí a Juan Carlos Dileo que era cantante de tango. Una excelente persona que sería el padre de mi hija. Con él hicimos el dúo Cane – Dileo y estuvimos 19 años casados. Dileo ganó muchos concursos, era un cantorazo al nivel de Julio Sosa. Donde iba la rompía”, recuerda.
  Justamente con su esposo fue con quien realizó su primer trabajo discográfico “Tango…Es nuestra pasión” que en el 99 se convirtió en CD, pero antes, en 1996, había salido como cassette. Pero ese nombre es mucho más que el título de ese trabajo. “Tango…Es nuestra pasión es un show que tengo registrado. Hice varios espectáculos con artistas invitados y en su momento íbamos a Crónica TV los sábados y domingo cuando recién comenzaba”, revive.
  Casi tres años más tarde, pero sin la compañía musical de su marido, vio la luz “Homenaje” con temas de folclore y cinco tangos en italiano. “El día que me quieras”, “Alma, corazón y vida” y “El Arriero” fueron algunos de los que componen ese material en homenaje a sus abuelos. Años después fue el turno de “Nieblas del Riachuelo”, proyecto que realizó con músicos jóvenes recibidos del Sadem.

Café de Los Angelitos, plataforma de salida

   En 1986 después de actuar en varios clubes barriales, llegó el momento de subirse al escenario de un lugar emblemático de la geografía porteña. “El Café de Los Angelitos”. “Hasta ese momento trabajaba para la municipalidad de Morón donde había dos elencos. Nos mandaban a teatros, sociedades de fomento y clubes, pero lo fuerte fue cuando pisé capital. Esa noche compartí escenario con Luis Montiel y estaba muy nerviosa. Después estuve en “El Vesubio”, “Café Tortoni”, “La Cumparsita” y “El Viejo Almacén” entre otros además de varios Centros Culuturales. Ahí empecé a prepararme mucho más, no me relajé.” evoca y revive aquellas sabias palabras de su mentor: “Cuando empecé era ‘Susana Morales’, pero Miró me dijo: ‘Cambiate el apellido, porque los apellidos cortos son más fáciles de pronunciar y de recordar. Entonces qué hice. Fui a mi casa con toda mi ilusión y agarré un diccionario de apellidos y empecé a buscar y a tachar; tachaba y tachaba hasta que me quedé con el Cané.”
   Pero si bien en la emblemática esquina de Rincón y Rivadavia fue su primera gran actuación en la capital federal, cómo olvidar la primera vez que pisó un escenario. “Cursio me dijo: ‘Vamos a ir al Club Comunicaciones que va a estar Silvia Nieves’ para mi era la más grande y en esa época ya cantaba como los dioses. Fue un sábado a la tarde e hice tres temas “Charlemos”, “Si te parece todavía” y “Junto a tu corazón”. Ahí también estaba muy nerviosa, pero le tomé el gustito y después me llevaron a “El Farolito” en Colegiales donde iba a cantar los viernes a la noche”, repasa.
  Pero como todo gran maestro, Tito Cursio además de prepararla para cantar, la aconsejaba para la vida. “Me decía: ‘Vos tenés un nombre muy chiquito. A este nombre hay que hacerlo crecer. Para ser Susana Giménez o Mirtha Legrand, hay que trabajar mucho para eso. Nunca te la creas, nunca te sientes en el primer asiento. Si vas a un teatro no te sientes nunca en la primera fila. Sentate en la cuarta o en la quinta y dejá que alguien te diga vení sentate acá adelante y no que te digan acá hay otro mejor, porque te va a doler mucho’ y eso me sirvió para toda la vida”, confiesa.

Sumar, escuchar, aprender y aportar

  “Cuando me estaba por separar yo quería seguir estudiando y se me dio por la Psicología. Me interesa mucho el chico de la calle y en esa época ya daba clases de técnica vocal y canto en Avellaneda. En un estudio de grabación di 14 años. Quería hacer algo para unir al canto con gente de la calle, o con el que necesitaba o con el que no podía pagar y empecé hacer proyectos y los pude concretar. La municipalidad de Avellaneda me daba los títulos a fin de año para los alumnos y trabajé con centros de jubilados, en talleres literarios y tengo tres antologías. Empecé a estudiar en la Escuela de Pichon-Riviere y después terminé la carrera en Flores. Hoy tengo esa profesión y doy clases de canto en mi casa de Haedo, además de mi trabajo como gestora automotor y en la municipalidad de Ituzaingó. Para mi enseñar es hermoso. Ver que el alumno va creciendo y puede ir a cantar a algún lugar y me diga ‘Canté en un cumpleaños o me animé o estoy en tal festival'. Es como que me estén aplaudiendo arriba del escenario a mí. Es la misma gratificación. Yo creo que si algún día me pasara que tengo que dejar de cantar, la docencia no la dejaría porque la disfruto a la par del alumno. Tengo muchas gratificaciones”, manifiesta.
   Volviendo a su carrera sobre los escenarios, no todo fue tango y folclore durante su trayectoria. Alguna vez hizo algo diferente. “A Juan Carlos y a mi nos llamaron de la Casa del Tango para ser jurado de un concurso y al poco tiempo Municipalidad de Avellaneda organizó otro. Conocí a una alumna que después quedó afuera y me comenta que quería conversar conmigo porque ella cantaba mariachi. Ella participó cantando tango pero le gustaba mariachi. Me citó a su casa de Wilde y nos hicimos muy amigas. Formamos “Las primeras mujeres mariachis” y empezamos a cantar en los colegios en los actos escolares. Teníamos tres músicos, en Once compramos las telas y ella hizo los vestidos. Le pusimos las lentejuelas, compramos los sombreros y salimos. Empezamos a trabajar y no parábamos nunca. Estuvimos como 5 o 6 años y anduvimos muy bien en la zona sur”, recuerda.
    Y como para que su CV se completo también hizo radio en FM 98.8, “Era un programa muy lindo que se llamaba ‘Emociones y voces’. Lo hacíamos con una psicóloga e iba los miércoles por la noche. A mi me encanta la locución y si bien hice un curso, quiero estudiar la carrera”, revela. Otras de las cosas que tiene pendiente es salir de gira, ya que en su momento cuando tuvo la posibilidad de ira a España y Australia no lo pudo hacer ya que sus hijos eran muy chicos.

Cantar, aunque sea bajo la ducha

   Pero no todo fue color de rosa en la vida artística de Cané, alguna vez estuvo parada, pero eso no implicó que tuviera que abandonar lo que más ama. “Mi hija tendría ocho, diez años y de pronto si no estaba en ningún lugar, me iba los domingos a Caminito con ella. Nos abrigábamos porque generalmente era en invierno y me reunía con gente que cantaba allí y ya me conocían. Iba, cantaba dos o tres temas, disfrutaba el momento y me volvía”, señala. Algo similar le sucedió durante los ocho meses que estuvo enyesada cuando se fracturó el pie. Desde la cama se dedicó a conectarse con sus pares y a subir fotos y videos por Facebook, siempre proyectando la vuelta a los escenarios. Así y todo, con muletas viajó en avión a Córdoba a cantar.
   Cané sabe lo que es pasar momentos difíciles y por eso cuando hace Pipistrela siente que la letra se le pega a la piel “En una época, por circunstancias de la vida, tuve que trabajar de noche vendiendo verduras en el mercado Abasto de Avellaneda mientras daba clases de canto. Era una tarea muy dura y por eso digo que a letra la viví desde adentro”, dice sonriendo. Lo mismo le pasa cuando interpreta “Padre Nuestro” y “Afiche”, que están disponibles en YouTube. “Son parte de mi vida, son dos canciones que siento y gozo mucho. Siento que atraigo a la gente cuando las hago y a muchos los vi llorar mientras yo cantaba”, dice.
  Es que cuando canta lo hace con la voz, pero también con el cuerpo y el alma, poniendo lo mejor de ella en cada actuación. “Yo cuando hice todo esto de empezar a cantar, que no sabía que iban a pasar 28 años, lo hice por mis hijos. Quise dejarles a ellos mi voz. El día que yo no esté mis hijos me van a poder escuchar. No importa si mamá canta bien, mal o regular, pero que les quede ese recuerdo mío y por eso sigo”, admite Mirta Susana Amalfi con los ojos humedecidos, que por mucho tiempo más nos seguirá deleitando con su voz.



viernes, 20 de marzo de 2015

Entrevista a Graciela Barrios

“La música me abrazó toda la vida”

En el 2014 obtuvo el premio “Oro” Reina del Plata como cantante de tango femenina y actualmente participa del programa radial “Rubia y sentimental”. También dirige el espectáculo “Voces, cuerdas y nostalgias” mientras prepara el tercer disco de su carrera; una carrera que se consolida día tras día gracias a los maestros que la acompañan.

Por Rodrigo Gaite


Graciela Barrios, con el tango en la piel
     Laberinto de mi magia y misterio, de sueños y añoranzas, Parque Chas atesora perfumes y colores de un barrio “Plateado por la luna”, un lugar con vida propia en el que cada día Graciela Barrios, siente la calidez de sus vecinos y donde cada mañana y cada atardecer contempla las casas que han cambiando su semblante a través de los años, pero no su esencia. No muy lejos de donde vive se encuentra, sobre la calle Bauness, la Asociación de fomento Parque Chas de la que su marido y su hija forman parte de la comisión directiva; un club donde hace más de dos décadas un tal Saviola, comenzaba a gastar las suelas de sus zapatillas en la cancha de fútbol cinco. No fue el único; también lo hicieron Walter Acevedo, Jonathan Bottinelli y Pablo Zabaleta por citar algunos de los tantos que entre goles y gambetas se formaron como futbolistas pero también como personas.
    Allí, en ese lugar tan particular de Buenos Aires, Graciela comenzó a impregnarse de la música desde muy pequeña. “Mi mamá era de las que lavaban los platos y mientras escuchaba la radio cantaba “Era una noche de reyes cuando a mi hogar regresabas comprobé que me engañabas con el amigo más fiel” y como mi hermano mayor tocaba la guitarra cuando él comenzó al poco tiempo lo hice yo. Canté en coros y estudié profesorado de guitarra y a pesar de haberme casado muy joven igual me pude dedicar. Nunca la música me abandonó. Embarazada y todo yo seguía y con mi profesor de guitarra íbamos a todas las radios. Siempre estuve sobre los escenarios y en una oportunidad, en uno de los shows que estaba haciendo con Ricardo Ayas en Parque Chas, en un lugar que concurría un montón de gente y siempre me sorprendía las emociones que había dentro de ese espacio, alguien que me propuso cantar tango y me dijo palabras muy interesantes como para iniciar un camino en esto. Con el tango propiamente dicho empecé cantando “Chiquilín de bachín”, esa canción es como el “moño” que une el ayer con lo que vendrá. Puedo decir que el toque en mi lo hizo Piazzolla, que me llevó a buscar la fuente y la fuente la tuve con Alberto “Toto” Fontán, mi padrino musical; él me invitó a uno de sus espectáculos y confió en mi junto con Carlos Cristal”, evoca.

Valdez, el gran descubridor

     Ese “alguien” que puso el ojo en ella y le propuso cantar tango, era nada menos que Guillermo Valdez que quizás sin darse cuenta, como se dice en el ambiente futbolero, se convirtió en un cazatalentos. “Él me quiso bautizar cambiándome el nombre y el apellido. Yo escuchaba todo eso y pensaba ¿Esto es para mi? Yo decía no, si a mi me llaman de otra forma no me doy vuelta. Yo soy Graciela. A lo sumo como mi apellido es de ascendencia italiana y árabe puedo cambiar eso. Como yo tenía muchas actividades barriales y siempre participé en la parroquia y en la asociación de fomento quedó “Graciela Barrios” y así empezamos a hacer ciclos en los clubes. Fue una persona fundamental en mi carrera que me llevó a grabar, allá por el 2005, mi primer disco “Corazón porteño” con temas como “Sin piel” de Eladia Blázquez. Es alguien que yo quiero mucho. Por él conocí, en uno de esos espectáculos, al maestro Chelo Gómez que estaba acompañando a Gustavo Plaza. Quedé fascinada con esa guitarra y a partir del 2008 más o menos, comencé a trabajar más con Chelo Gómez y en el 2011 presenté el CD “Tu piel de jazmín”, un material de mucha elaboración. Ahí empecé con todos mis ciclos e independientemente a cantar en otros lados con otros músicos”, cuenta.
    El tiempo fue pasando y hoy por hoy es parte del programa “Rubia y sentimental” conducido por la cantante Soledad del Valle, que va por AM 1120 Radio Nacional y popular los miércoles a partir de las 15, emisión radiofónica que ya va por su segundo ciclo desde su comienzo en Radio Identidad “No sólo hablamos de tango. Como soy profesora de yoga trato de hacer mi aporte para vivir mejor. Dialogamos y compartimos muchas cosas con los oyentes”, explica.
    Además de su trabajo entre semana produce y dirige el ciclo “Voces, cuerdas y nostalgias” un espectáculo de tango que hace junto a Omar Colombo, Soledad del Valle, Diego Hernán, Ariel Pirotti y Héctor Pais con la conducción de Fernando del Priore y la dirección musical de Chelo Gómez; antes había realizado “De Barrios para el barrio” y “De Piazzolla al arrabal”. Actualmente se encuentra trabajando en lo que será su tercer disco, del cual no quiere decir el título. Así que habrá que esperar entonces. “Todo lo que hago lo hago con mucho amor y mucha dedicación. Soy muy agradecida a gente como Claudio Durán, Federico Gurisatti, Beatriz y Ricardo Ayas, “Toto” Fontán y Rubén Serrano”, manifiesta. Durante la charla nunca dejó de tener presente a aquellos que de alguna manera u otra hicieron su aporte para construir su carrera.
     Al abrir su página web, gracielabarrios.com.ar, la melodía de “La luz de un fosforo”, nos envuelve con la dulzura de su voz y la frase del “Poema en si mayor”, nos sumerge en la poesía fascinante de Horacio Ferrer “Resucito mi fe tu cálido evangelio y yo te ofrezco aquí mi nuevo sortilegio. Ya te ama la que fui y más aún la que seré. Pero abrázame amor profundamente sí sembrame en cuerpo y mente tu poesía. Y el último dolor borrarás de mí…” y resalta una frase muy especial “Ya te ama la que fui y más aún la que seré. Hoy te estoy dando todo, tango. Pero mañana te voy a dar más, porque va a ser más intenso que el ayer, ese ‘que seré’ va a ser siempre renovado”, dice.
   Vale la pena visitar su página, en ella además se pueden apreciar fotos de sus actuaciones en grandes escenarios tangueros hasta en sitios de la tercera edad. “Yo doy clases en centros de jubilados y la respuesta que hay es fantástica, eso para mi es abundancia. Este año estuvimos en Tecnópolis donde fue seleccionado el coro nuestro para participar en el festival”, expresa.

Barrios de oro

    Si algo le faltaba a Graciela para seguir consolidando su carrera era ser galardonada y desde el año pasado, la estatuilla del Premio “Oro” Reina del Plata en el rubro cantante de tango femenina 2014 brilla sobre el piano de su casa. “Estaba repleto de gente y había premios para televisión, radio y cantantes. No terminaba nunca, eran como la una y pico de la mañana y todavía no había salido ese rubro. Estábamos en la mesa hablando con productores de Mar del Plata, con gente que participaba del evento y en un momento dicen: ‘Mirá mirá. Ahí sale, ahí sale’ y anuncian: ‘Ganadora del premio de plata fulana de tal’. Entonces el chico que estaba al lado mío me dice ‘Y bueno, para la próxima será’ y se escucha ‘Y el de oro para Graciela Barrios’. Yo estaba sola y me quedé muda. No tenía con quien festejar. Tenía que caminar por un pasillo largo que estaba atrás de todo y ahí me encontré con Hugo Coppola y Alejandro D'Angelo que me abrazaron. No tenía ni quien me sacara una foto. Fue muy emocionante”, recuerda entusiasmada.
   No fue la única vez que sintió esa emoción que nace del alma “La primera vez que estuve en el Teatro Astros, un escenario con muchos duendes, sentí cosquillitas en el estomago. Fui con Elba Cristian por el día nacional del Tango y tuve la suerte de participar en dos ocasiones, pero para mi emocionante son las pequeñas cosas. También me pasó cuando hice “De Barrios para el barrio” en Triunvirato y Pampa con el maestro Héctor de Rosas y vino Alberto Podestá. El lugar explotaba de gente, con una magia brutal y él con una humildad impresionante agradeció que lo hayamos convocado, fue increíble”, rememora. Y si de emocionarse se trata nada mejor que hablar de uno de los mejores tangos de todos los tiempos. “A mi Manzi me fascina y cuando mi madre falleció en el 2007 yo estaba ensayando ‘Sur’. Por eso para mi ese tema es muy fuerte, porque ella partió con esa voz mía, partió en paz. Para mi ‘Sur’ es una expansión total. Es un tango que todavía no lo terminé de explorar”, confiesa.

Parque Chas, su lugar en el mundo

    Es tan especial ese barrio de la Capital Federal que Graciela no lo cambia por nada. “Ocurre que la cuadra que yo vivo, creo que ya es la quinta generación que está. Es una cuadra donde los  vecinos se fueron recibiendo unos con otros, cuidándose unos con otros y así hasta que partieron. En el club Asociación de Fomento nos llegamos a reunir todas esas generaciones hace unos años atrás y con micrófono en mano cada una contaba ‘Cuando yo vine de Italia, sola con mi marido, vi la cruz de San Alfonso y a la vecina”, y la vecina estaba ahí. Es una cuadra muy protegida, con raíces muy profundas. Mi marido y mis hijos son de Parque Chas y no se van ni locos. Yo estudié en el colegio Petronila Rodríguez y en la parroquia dirigí coros. Tiene magia, tiene misterio, tiene unos duendes muy particulares”, detalla.
    Es que las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste? Y más para ella, que tiene una vida simple y sencilla en la que se dedica mucho a su familia y le encanta cocinar. Arriba del escenario, claro es otra cosa “Cantar me eleva el alma. Es más fuerte que yo. Todo es música. El big bang fue un sonido, el Om es un sonido vibracional y todas las personas vibramos de diferentes maneras”, señala Graciela Barrios, una mujer apasionada de lo que hace, que cuando canta lo hace desde el corazón.


domingo, 1 de marzo de 2015

Entrevista a Estela Bonnet

“Me da placer unir al tango y al folklore”

Se lució en los lugares más emblemáticos de la noche porteña y actuó junto a grandes como Juan Carlos Godoy y Osvaldo Ribó. Cantante, compositora, letrista y un ser humano lleno de luz y talento, ferviente defensora de “Lo nuestro” Estela Bonnet, La voz dulce del tango, habló de su vida y sus espectáculos, como el que impulsa a las nuevas figuras a difundir sus obras, a esos músicos y poetas de “El país que no miramos”.

Por Rodrigo Gaite

Estela Bonnet, la voz dulce del tango
     La cita es a media tarde en un pintoresco bar de La Boca, a pocas cuadras de La Bombonera, donde el día anterior Daniel Osvaldo tuvo su debut soñado con la camiseta azul y oro. Pero ese jueves 26 de febrero también fue uno de los días más felices en la vida de Estela Bonnet, no tanto por la victoria del conjunto xeneize, del cual es hincha, si no por su gran actuación en un lugar emblemático de la ciudad de Buenos Aires, como lo es la Catedral Metropolitana. “Fue maravilloso. Era la conmemoración del nacimiento de San Martín. Un tipo tan importante en nuestras vidas y en nuestra historia que nada más y nada menos nos dejó la libertad como legado. Un poquito antes de empezar a cantar el himno de él, dije que era un honor. Porque la libertad no es algo que podemos perder, que podamos dejarnos arrebatar. Por eso estaba muy emocionada y quería que realmente escucharan la letra, porque todo lo que decía la letra me parece que se merecía decir del general San Martín”, revive.
     Así arrancó el 2015 para Estela, en realidad ya había comenzado cuando fue convocada por el Museo Casa Carlos Gardel donde hizo junto a Inés Grimland “Dos minas sin red”. “Es un espectáculo donde no hay música, hacemos todo a cappella y ella narra cuentos. Para el día de la mujer habrá una invitada especial y yo voy a elegir temas desde los más antiguos hasta los más cercanos a esta época”, adelanta. La cita, en Jean Jaures 735, es el sábado 7 de marzo a las 18 con entrada libre y gratuita. Pero la cosa no termina ahí porque este mes con Alda Salzarulo, una gran poeta de Junín, va a iniciar un taller de la canción: “Alda va a dar pautas para que cuando el poeta escriba lo haga con cierta rima y esa rima permita ponerle música y así poder amalgamar música e historias”, explica. Otros de sus eventos con los que ha deleitado al público fue “Uniendo nuestras raíces”, en el cual logró una combinación magistral entre el tango y el folclore. Todo un desafío que además quedó plasmado en su último trabajo discográfico “Mirando del revés” en temas como “Sin vuelta”, “Absurdo” o “Mama llévame pal pueblo”.
     De muy chica la piba nacida en la Maternidad de San Isidro, como a ella misma le gusta remarcar, empezó a tener contacto con la música y desde entonces nunca más la abandonó. “Tenía 5 años y mamá me llevaba a ver a mi hermana que tendría unos 8 cuando cantaba en el coro de la iglesia y eso me quedaba muy marcado. Entonces la profesora de ella en ese momento se dio cuenta y me puso a cantar a mí también. Después lo hacía en la escuela y componíamos. Tengo mucha bronca porque de esa época no quedó nada escrito, nada grabado de los temas que creábamos. En quinto grado hacíamos temas para el 9 de julio o el 25 de mayo y me acuerdo cuando tenía 8 años de haber participado en un teatro, donde tenía que recitar como un carnavalito en una especie de intercolegial y el colegio sacó el segundo puesto, lo cual era bárbaro. Yo no se cómo hice, pero con 8 años me paré frente al público en un teatro lleno y recité. Dos años después me cambié de escuela, me fui a Vicente López y ahí también componíamos.”, rememora.
     Es que por entonces cuando aún no llegaba al picaporte de la puerta, en la casa de sus tíos, se asomaba a espiar a los grandes para ver cómo bailaban con “D’Arienzo sonando a full”. Pero todavía faltaba algo más para que la música ciudadana entrara definitivamente en su vida. “Una vez mi psicóloga me dijo que sería bueno que empezara a bailar salsa o tango. Para mi era algo muy vertiginoso, me tenían que empujar para que diera los pasos. Era una cosa muy fea lo que me pasaba. Todo el mundo me decía: ‘Esto es un disfrute de tres minutos. Es una entrega total’. Antes de eso, estuve en Vicente López con un grupo que hacíamos rock nacional”, evoca.

La Señalada: El punto de partida

     “Un día voy a una peña de casualidad y había un certamen para presentarse dos semanas después cantando tango y yo toda corajuda me anoté, mientras pensaba dentro mío ¡Qué estoy haciendo! Me comuniqué con Leandro De Rosa, un gran guitarrista que me había acompañado otro día donde había cantado “Uno” y con él me preparé. Fui pasando varias etapas hasta ser finalista en el pre Cosquín y con él seguí participando en varios eventos”.
     “Después empecé a meterme cada día más. A todo esto siempre estuvo conmigo Lola Car, que me acompañó a todos lados. Con Lola hemos amanecido a las 6 de la mañana esperando un colectivo para poder volver a casa. Íbamos a todas las peñas porque ella también cantaba. Era amiga de mi hermana y la conocí en un cumpleaños y la verdad que nos hicimos muy compinches”, señala.
     Pero hay alguien más que ha sido fundamental en su trayectoria. Oscar Del Rio, uno de los que ayudaron a construir su enorme carrera, pero que más allá de eso le aportó a Estela algo demasiado valioso. Calidez humana. “Él es como mi eje. Supo contener mis ganas, me enseñó a frenarme y a esperar, a dejar macerar las cosas, me brindaba seguridad. Yo a veces le decía: Cantó fulanito en tal lugar. ¿Podes creer que le pagan? Y él me respondía: ‘Estela. Uno no es profesional porque le pagan. Uno es profesional por cómo se prepara para cuando llegue el momento de tener que cantar. Uno es profesional por lo que uno respeta. Por lo que le da al otro’. Es alguien a quien yo quiero muchísimo. Te da todas las herramientas para que te caigan todas las fichas como una bruma y no como un balde de agua”, afirma.
     Como olvidarse de otra persona que también ha dejado huella en su vida como lo es Estela Crisis, de “Las voces blancas”. “Uno a veces no sabe lo que tiene, es como que no podes descubrirlo, no lo podes ver. Y ella me decía que tenía algo muy importante, que era el ‘saber decir’. Eso es algo que se puede mejorar. Pero enseñarlo imposible. Si no lo tenés, no lo tenés”, puntualiza.
     Hoy tiene la posibilidad de trabajar con Claudio Parenti, Sebastián Colavecchia y Luciano de Paula, grandes personas que están muy comprometidos con la música. “Parenti es un tipo que ha acompañado mucha gente importante como Ginamaría Hidalgo o Raúl Lavié. Con él hemos estado desde las 10 de la mañana hasta las 12 de la noche pasando repertorios. Trabajamos con una sencillez muy nuestras, poniéndole todos algo. Estamos sumando conocimientos, amalgamándonos. Nos respetamos mucho. Yo se que ellos son buenos en lo que hacen y ellos confían en mi y eso potencia”, explica.
     Pero como si no fuera poco con estar rodeada de esos tres grandes, Estela fue a golpear la puerta a la casa de un gigante. Paco Peñalba, un tipo que estuvo con Edmundo Rivero y Goyeneche entre otros. Pavada de CV tiene el señor. “Me lo recomendó Oscar Del Rio para que no me alejara del tango”, dice entre risas.
     Uno la escucha hablar y es innegable que todo lo hace con entusiasmo, con ese plus que tienen los artistas cuando están arriba del escenario. Hoy recuerda las palabras sabias de Oscar Fresedo, un gran amigo: “Una vez me ve cantar y me dice: ¿Te pasa algo? No, nada. Sólo que tiemblo como una hoja cuando subo a cantar y me contesta: “Mirá. Si temblas como una hoja cuando subís a cantar. El día que no tiembles más, no subas más. Porque se nota que te gusta lo que haces, que lo haces con pasión”, evoca.

De los escenarios a la radio

     Si algo le faltaba a su carrera para ser completa era estar en la radio. La oportunidad se dio una noche en que la gente del Museo Carlos Gardel, invitó al prestigioso periodista José María "Gogo" Safigueroa “Mira que tenemos una chica que no sabes cómo canta”. Cuando la interprete bajo del escenario, "Gogo" Safigueroa se acercó y le preguntó:
     — ¿Piba tenés algo hecho?
     “Te voy a mostrar algo, pero la verdad que no está bien hecho, le dije, pero igual se llevó mi CD. Me dice: ‘Vas a tener noticias nuestras en la semana’. Me llamaron a las 3 de la tarde de un día miércoles: 'Dice "Gogo" Safigueroa que pongas la radio porque van a pasar temas tuyos'. Entonces él comenta: ‘Escuchen a esta chica que hace dos años más o menos que está cantando tangos específicamente. Si ahora canta así nada más que con dos años de tango…. Yo conozco a “La Gardel con polleras”, a Rosita Quiroga, pero escuchen como ella hace Muchacho’. Para mi fue un grande y tengo los mejores recuerdos de él”, expresa.
     Estela pasó por los lugares más emblemáticos de Buenos Aires desde La Academia porteña del Lunfardo, Bien Bohemio, Esquina Osvaldo Pugliese y La Academia Nacional del Tango hasta la Esquina Homero Manzi entre otros. “Cantar en El Tábano, que era como la casa del Polaco Goyeneche para mi era como estar en el Madison Square Garden, lugar que me gustaría estar representando a Argentina o antes de empezar una pelea de boxeo. Eso sería genial”, dice entusiasmada.

Corazón Calamar

     “Yo soy de Boca de toda la vida, pero también de Platense porque nací en la zona. Mi padrino Leopoldo, “El Turco”, fue una excelente persona, muy querido por todos lados. Un hombre que sabía hacer desde ñoquis hasta instalar gas o hacer una mesa. Un ser humano que me ensenó muchas cosas en la vida. Él me llevaba a ver a Platense porque sabía que yo jugaba al vóley y hacía atletismo en el club. Ya de grande me convocaron dos veces para actuar y en un aniversario me pasó algo muy loco: Venía de cantar de otro lugar y cuando llegué ya habían empezado a comer. Yo no había llevado guitarrista para ese momento, llevé pistas. Comienzo a cantar y la gente, claro, ya estaba comiendo, entonces en un momento digo: No pará para pará. Vamos a ponernos de acuerdo. Y la gente medio como que no entendía nada y ahí se hizo un silencio donde aproveché y dije: Miren yo les voy a pedir mil disculpas por mí llegada tarde. Pero vengo cruzando medio país para poder llegar hasta acá porque no me quería perder esta fiesta. Platense es mi club desde que tengo 10 años y les voy a cantar algo que canto desde chiquita y empecé: “En España y Zufriategui hay un equipo muy famoso. Se corre la bolilla que este año es el campeón, ese equipo se llama Platense por su fuerza, garra y corazón” y ahí empezaron todos ¡Vamos, vamos, vamos calamares!”. Te juro que se me ponía la piel de gallina y bueno terminamos de cantar eso que todo el mundo lo conocía y ahí empecé con lo mío. Ahí me escucharon y después siguieron sirviendo las mesas”, repasa.

La nueva Estela

    Esfuerzo, pasión y compromiso la han llevado a obtener el Primer Premio a la interpretación en Zona Norte 2002, el de Zarate 2010 “Buscando la Voz del Tango” o el certamen para canción inédita del 2011 donde ganó con “Milonga del perdón”, con letra de Alda Salzarulo. Pero por sobre todas las cosas, logró ese premio que no todos los artistas puede conseguir. El aplauso de la gente. Hoy además de sus propios espectáculos asumió un “nuevo rol” que hace con gran placer y dedicación. “La gente piensa que soy una productora, pero yo digo que hago lo que puedo. Trato de mostrar lo mejor de los demás, de mis compañeros y de gente joven que ya está en el ambiente. Uno de los espectáculos que hice fue “De músico, de poetas y de locos todos tenemos un poco” y uno de los primeros invitados fue Atilio Stampone. La idea de traer un “cinco estrellas” era que se conociera con estrellas en formación, gente joven que viene peleándola y quizás no encuentra espacios donde mostrarse. Después dije: Qué puedo hacer para que haya hombres también cuando yo estoy cantando y busqué a Cristian Pasman y Sebastián Alegre, que hacen las cosas muy responsablemente. Fue algo que estrenamos en la Academia Nacional del tango, donde me abrieron las puertas gente maravilla como Roberto Selles, Horacio Ferrer, Walter Piazza, Gabriel Soria y Fernando Finvarb. También hacemos con Alda Salzarulo “En nombre del tango”, donde agarramos un referente del género, por ejemplo Manzi, buscamos todas sus obras y seleccionamos las más importantes y ella las desmenuza; cuenta el porqué, donde hizo pie el artista y yo preparo los tangos y los voy cantando con algún guitarrista”, puntualiza.
     No sólo su voz es dulce, también su mirada y su esencia. Así es Estela Bonnet, simple y soñadora; sencilla y pasional. Una emprendedora que se hizo camino al andar. Una piba de barrio que se despide diciendo: “Espero que haya mucha gente que no pierda las esperanzas. Que sepan que una noche quizás se cumplan todos los deseos”. Habrá que tomar sus palabras entonces, después de todo habla con conocimiento de causa.


 Mi agradecimiento a Cacho Lemos por su colaboración.