lunes, 30 de junio de 2014

Entrevista a Ricky Steven


“El éxito lo disfruto en cada entrenamiento”

Desde el 2008 cuando llegó a Almafuerte fue construyendo un equipo de menor a mayor y tal fue el fruto de su trabajo que en el 2011 salieron campeones y ascendieron de categoría. Hoy, además de jugar en el Club Sagab, dirige al conjunto B de Ciudad Evita que interviene en el torneo de césped natural de la AHBA.


Por Rodrigo Gaite

     Mientras en La Haya, la tercera ciudad más grande de los Países Bajos y con un clima bastante agradable, Los Leones y Las Leonas participan de los mundiales de Hockey sobre césped, en el predio del Club Almafuerte de Ciudad Evita hace frio, no mucho pero hace frio cuando a las 21.30 finaliza el entrenamiento del equipo B y las jugadoras, después de recoger los bolsos que dejaron al costado del banco de suplentes, abandonan la cancha. Ricky Steven, el hombre encargado de la dirección técnica del plantel es el último en abandonarla. Pero antes de retirarse del predio accede a
Ricky Steven, con la casaca tricolor del Club Almafuerte
foto: Facebook.com/german.barrios
la entrevista. Es tanta la humildad y la sencillez que lo caracteriza que hasta parece algo incomodo hablando de si mismo frente a un grabador. Sin embargo a pesar del frio, durante casi media hora cigarrillo en mano y con el hablar pausado y medido brindará una charla amena y distendida en la que repasará su rica trayectoria en el hockey sobre césped, un deporte que lo apasiona y donde se siente como pez en el agua. Salvo cuando le toca dar alguna entrevista, claro.
     “Empecé a jugar al hockey a los 10 años. Me llevó mi papá que también era jugador y jugué uno 15 años aproximadamente hasta que por cuestiones personales dejé la actividad. Estuve como unos 13 años sin jugar y después volví con 38 años en una época donde no se retorna fácilmente. Yo había visto hockey desde muy chiquito. Mi primer partido oficial fue cuando tenía 10 años y en mi casa había palos de hockey desde que era un bebe. Acompañaba a mi papá a los partidos y me fijaba en los amigos de él cómo jugaban y cuando podíamos jugábamos en el fondo de mi casa con mi papá cuando volvía de trabajar”, recuerda y agrega: “En esa época era jugar y divertirse, en cambio hoy los aprendizajes y los juegos están orientados a querer buscar resultado.”
    “Actualmente juego en el club en SAGAB, Sociedad alemana de gimnasia de Almirante Brown, participamos en primera B y este año no nos está yendo muy bien, pero bueno. Tratamos de ponerle todo el esfuerzo porque es un equipo que está un poco diezmado”, comenta.
     Pero además de darle a la bocha con el palo desde adentro de la cancha, hace tiempo que Ricky sabe lo que es estar del otro lado de la línea de cal y en otro rol. “Empecé en el 2006 y ya cuando jugaba había dirigido algunas divisiones menores y había sido asistente de un entrenador en Sagab, Lomas y en Country Longchamps y cuando retomé mi práctica de hockey entrené un equipo de Mami. En Almafuerte estoy desde el 2008. Al club llegué por una publicación de un medio de internet; una página que se llamaba HCRA, donde había información sobre partidos y un espacio para anuncios y ahí me enteré que buscaban entrenador. Presenté mi curriculum y me llamaron, pero justo cuando tenía que venir a la entrevista yo estaba de vacaciones y cuando regresé ya habían contratado a otro entrenador y por eso no quedé en la elección. Después la persona dejó de estar a mitad de año y volvieron a publicar el anuncio. Me volví a presentar y me contrataron y desde el 2008 hasta la fecha estoy acá”, repasa.
     Hay fechas en la vida de las personas que quedaran grabadas para siempre. Fechas que significan mucho más que un número de dos cifras en un calendario y para Ricky como para toda la gente de Almafuerte la tarde del 24 de septiembre 2011 es uno de los momentos que estarán de por vida entre sus mejores recuerdos. Ese día, entre las banderas y globos con los colores negro, blanco y rojo la gente de Almafuerte explotó de felicidad cuando el equipo superior llegó a lo más alto luego de vencer en su cancha a Nueva Chicago y obtener el de derecho a jugar en la A, siempre sobre césped natural. “Fue algo increíble, pero fue el resultado de una construcción. Algo que fue de menor a mayor, había objetivos que se fueron cumpliendo a lo largo del tiempo y nos requirió casi cuatro temporadas alcanzar el nivel de juego que nos llevó a ganar el campeonato de punta a punta. Creo que solo perdimos un partido y empatamos dos. Como jugador había tenido un par de títulos, pero como entrenador fue el primero”, rememora.
     Cuando allá por el 2008 Ricky llegó al club varias jugadoras hacía mucho tiempo que venían jugando juntas y se había conformado un grupo muy homogéneo, sin embargo él destaca que a pesar de eso, no le costó adaptarse y lograr ese filing especial que tienen los técnicos con sus dirigidos. “Tuve una recepción increíble, siempre trabajé muy cómodo y muy a gusto. Hoy siento el orgullo de ver algunas jugadoras que yo las he tenido en inferiores y ver los monstruos que son hoy en día es una satisfacción grandísima”, menciona.

De la A a la B

    De trabajar con el equipo A y salir campeón Ricky comenzó el 2013 dirigiendo al conjunto B “Al mismo tiempo que empecé en Almafuerte, también había presentado un proyecto en Temperley, un club donde no había hockey y como eran incompatibles porque Temperley no estaba federado ni nada, pude tomar esa responsabilidad. Iba a ir a trabajar como coordinador general y entrenador de las categorías mayores y por una cuestión de índole personal antes de empezar la temporada renuncié y vine a tomar el puesto que me habían ofrecido en la tira B acá en Almafuerte”, señala.
     Sin embargo para él el cambio no significó ni tener que alterar su manera de pensar ni su forma de trabajar con un plantel que no tenía ni la experiencia ni el tiempo de construcción que el anterior. “Para mi no hay diferencia en el trabajo. La diferencia es cómo se puedan llegar a medir los resultados. Yo no miro resultados numéricos, miro evoluciones. Decir ganamos o perdimos no es una medición que sirva para nada. El éxito está por pequeñas cosas que se van logrando en los entrenamientos y después se pueden transferir a los partidos. Hace un año y tres meses que estoy trabajando con el plantel y hubo una gran evolución. Hoy trabajamos buscando mejores resultados en cuanto a nivel de juego, a volumen de juego e incorporación de técnicas a las jugadoras que al ser novatas y no haber tenido tantos años de hockey no han tenido la oportunidad de incorporar técnicas y recurso”, analiza.
     Como cualquier entrenador de cualquier disciplina Ricky tiene en claro cuál es su idea de trabajo. “En mi concepción hay un estilo de juego básico que yo lo llamo idioma, que es el que las jugadoras se van a entender y los principios por donde va a pasar el juego. Después el estilo de juego depende del partido, depende mucho de lo que plantea el equipo contrario. El asunto es tener recursos para poder resolverlo tanto individual como colectivamente. Lo difícil es plasmar las estrategias en un partido, pero trabajándolo en la semana y con un alto porcentaje de asistencia en los entrenamientos eso se logra.”, expresa.

Ser campeón es el resultado de una construcción
     “Yo voy obteniendo las satisfacciones en cuotas. La satisfacción es cuando llegas a un entrenamiento y ver que salen las cosas como uno las planifica, que las jugadoras las puedan hacer y que en un partido pueda salir lo que se entrenó durante la semana. El coronarlo con un campeonato, si bien me puso  muy contento porque era mi primer título, lo tomé con mucha tranquilidad porque era algo que decantaba, porque se venían dando las cosas que uno fue trabajando durante años. A veces el resultado de los partidos es una anécdota, si uno trabajó bien durante un montón de tiempo los resultados se dan. Es una alegría obtener un campeonato, pero no lo veo desde un punto de vista exitista. Fue el fruto de un crecimiento y lo que me dio satisfacción fue el experimentarlo día a día.”, puntualiza.
    “Soy muy apasionado del trabajo, soy un convencido de que los resultados se obtienen trabajando en los entrenamientos. También creo que uno siempre puede seguir aprendiendo, cualquier jugador le puede aportar algo a un entrenador en el momento que menos se lo espera. Hay que estar abierto a los cambios y aprendizajes.”, remarca.
     Que una persona sea querida y respetada por todos durante tanto tiempo, no es algo que le pase a cualquiera, pero a él si y lo sabe “Yo me siento muy querido, me siento muy apoyado. Supongo que es un poco fruto de la personalidad y un poco de como trabajo. A mi me llena de orgullo eso, para mi es el mejor premio. Prefiero tener un grupo de jugadoras que sus recursos no sean los mejores, pero que el fruto del trabajo se vea y no tener un equipo de elite que crea que no puede aprender nada. Siempre se puede mejorar, siempre se puede estar un paso más adelante. A mi me gusta eso, el crecer, no quedarse con una formula y evolucionar. No permanecer quieto y eso es lo que a uno lo mueve.”, menciona.
     Humildad, sencillez y capacidad de trabajo resumen un poco la impresión que brinda a quien está frente a él.
    Juan Manuel Fangio solía decir: “Hay que trabajar para ser el mejor, pero nunca creerse el mejor” y como “El Chueco” algo de eso sabía, parece que Ricky Steven se lo toma  al pie de la letra.