viernes, 8 de noviembre de 2013

David "El Moncho" Ruiz, ex jugador de Arsenal



La vida en celeste y rojo


Con la sencillez que lo caracteriza David “El Moncho” Ruiz, repasó su trayectoria en su querido Arsenal. En una larga y amena charla en su casa de Ciudad Evita recordó sus inicios, su llegada a Racing, la lesión en la rodilla y su vida en el club de Sarandí.


Por Rodrigo Gaite

    No son muchos los futbolistas que tienen el honor de quedar en la historia de un club por estar entre los que más veces han vestido su camiseta. Ricardo Bochini en Independiente, Roberto Mouzo en Boca o Amadeo Carrizo en River son los que más encuentros han disputado en esos clubes y si bien en Arsenal de Sarandí ese privilegio le corresponde a Darío Espínola con 422 cotejos, Carlos David Ruiz le pisa los talones. “El Moncho” se puso 400 veces la casaca celeste y roja en partidos oficiales y aunque hoy no está ligado a la entidad, sigue sintiéndola como parte de su vida.

    ¿Qué estás haciendo en la actualidad?

“El Moncho” Ruiz, entrevistado en el living de su hogar
    Estoy desligado del fútbol desde el año pasado, lo último que hice fue dirigir la reserva de Arsenal. Pero este año me lo tomé como un poco sabático; yo dejé de jugar en el 2008 y por mi buena relación con el presidente seguí trabajando hasta fines del 2012. Primero fui manager y más tarde técnico de reserva. Pero hoy practico tenis, voy al gimnasio y juego al fútbol con amigos. Estuve participando con la selección Argentina de “Indoor Show” con Alejandro Mancuso. Hace bastante que vengo entrenando con ellos. Se juntan todas las semanas y después de entrenar compartimos un asado. Fuimos a Chaco y a Misiones y fue una linda experiencia junto a Ruggeri, Calderón, Navarro Montoya y Hugo Ibarra entre otros. Hacía mucho que no viajaba y extrañaba. Además esos partidos se juegan a morir, con Brasil por ejemplo no tiene nada de amistoso.

    La vida futbolística de Ruiz, como la de cualquier otro jugador, no se inició la tarde que debutó en primera, sino mucho antes cuando empezó a patear una número cinco. “Empecé jugando en la ciudad en Güemes Juniors al baby fútbol, después de adolescente lo hice para “Los Candomberos” también de Ciudad Evita.  En esa edad desde los 16 a los 19 fue cuando fui a Racing con edad de quinta.”, evoca.

    ¿Cómo llegás a Racing?

    Yo jugaba en el barrio y Marchessi, un ex jugador de San Lorenzo que era un conocido nuestro, trabajaba en las inferiores de Racing y me llevó. Tenía 18 años, no es que me fui a probar, fui y empecé a entrenar. Al año siguiente ya en Cuarta cuando llegó Rodolfo Della Pica quedé libre a fin de año sin llegar a debutar en primera y como el entrenador de la reserva era Humberto Grondona me ofreció ir a Arsenal, que en ese momento estaba en la primera B. Llegué a mediados de febrero, pero no podía jugar; tuve que esperar hasta agosto porque no tenía contrato y en esos meses fue cuando Arsenal ascendió al Nacional B. Debuté frente a Deportivo Italiano, pero  del partido me acuerdo muy poco.

    ¿Siempre quisiste ser futbolista?

    Desde chico quería ser jugador, terminé el secundario industrial en el “Islas Malvinas” y el último año lo hice de noche porque a partir de 4º, cuando sale lo de Racing me propuse jugármela para llegar a ser profesional. Mi viejo ama el fútbol más que yo y por eso siempre me apoyó. Él en esa época iba a jugar torneos regionales y viajaba mucho al interior, a lugares como Chivilcoy y por eso no tenía la presión constante de él como le pasa a muchos chicos hoy en día, porque los fines de semana él se iba a jugar por un lado y yo por el otro. Viajar de Ciudad Evita a Sarandí para ir a entrenar era un tema. Me tomaba el 54 en Puente 12 y de ahí otro colectivo hasta el club, me iba a las 6 de la mañana y volvía como a las 2 de la tarde. Más adelante iba con el 91 hasta Pompeya y tomaba otro coloradito que cruzaba por Alsina a Avellaneda o me iba a Constitución y cruzaba con el 148. Después cuando ya estaba en el Nacional B me pasaban a buscar dos compañeros, Sergio Rondina y Miguel Rodríguez que venían desde Libertad y ahí medio que zafé el tema del viaje.

    No debe ser fácil para alguien que estuvo tantos años en el fútbol profesional hacer una vida de hombre común y corriente “Es difícil cuando se deja de jugar, pero yo tuve la suerte de seguir ligado al club y a veces concentraba con el plantel. Por eso el retiro no me dolió tanto, pero como hay un desgaste quise parar. La idea es tratar de hacer algo, porque ahora la adrenalina está de vuelta. Es difícil porque hay muchos técnicos, pero por ahí de un día para el otro te llaman, además yo como manager no me sentía a gusto, prefiero ser entrenador, el rol es diferente”, dice con la ilusión de volver, ya tiene hecho el curso de técnico y en el club siempre tendrá las puertas abiertas. Así que no es descabellado pensar que en el futuro pueda calzarse el buzo de DT. Sin ir más lejos en el pasado no muy lejano tuvo dos breves interinatos con el primer equipo, primero cuando se fue Jorge Burruchaga y después cuando Daniel Garnero dejó el cargo.

    Claro que este Arsenal de hoy no es el mismo de la década del 90. El club fundado por los hermanos Julio y Humberto Grondona entre otros ha recorrido un largo camino que lo llevó a convertirse en lo que es en la actualidad. “Cambió muchísimo, pero siempre fue un club ordenado y tranquilo que iba paso a paso. Yo estuve casi 18 años y no tuve muchos técnicos, se respetaban los procesos; eso sumado a la tranquilidad de saber que siempre vas a cobrar en término hace la diferencia. En aquellos tiempos no existía la posibilidad de ascender o de ganar una copa. En el primer Nacional B teníamos un equipazo, había gente importante, pero después los objetivos eran para no descender.
    El proceso del 2001 lo arrancó José Bianco, nosotros habíamos tenido buenos técnicos como Pipo Ferreiro, pero “El Chaucha” Bianco hizo grandes cambios en cuanto a los entrenamientos ya que él venía de la escuela de Renato Cesarini. En esa camada había chicos del club y de Banfield y Lanús que en esos momentos tenían una de las mejores inferiores y eran buenos técnicamente. Eso fue a partir del 98, cuando se va Bianco en el 2001 primero llega Mariani y después Burruchaga, pero queda la base del plantel que logra el ascenso del 2002 a la A, frente a Gimnasia de Concepción del Uruguay con él como técnico. Yo jugué todos los partidos y fui capitán. Fue algo increíble y cuando llegamos a primera pensábamos que no íbamos jugar, dijimos: “Bueno ahora nos echan a todos, van a traer jugadores nuevos, pero “Burru” mantuvo la base y jugamos casi todos", comenta mientras repasa el momento más imborrable de su carrera.

    Aquella fue una tarde de ensueño para Arsenal, no sólo gracias al Moncho Ruiz, sino también a Limia, Espínola, Patricio González, Esmerado, Palavecino, Gustavo Grondona, y Morales. El partido de vuelta en su casa finalizó igualado en un tanto, pero como en la ida los de Sarandí habían ganado en Entre Ríos por 2 a 1 se quedaron con el segundo Ascenso. Desde aquel 18 de mayo del 2002 cuando Héctor Baldassi, pitó el final del juego, el conjunto del Viaducto iba a jugar por primera vez en su vida en la máxima categoría del fútbol argentino.
    Sin embargo la historia grande iba a comenzar en el 2007, cuando Arsenal llegó a tocar el cielo con las manos al alzar su primer trofeo internacional. En una emotiva final frente al poderoso América de México se llevó para siempre a sus vitrinas la Copa Sudamérica. En la ida en el estadio Azteca ganó 3 a 2 y en la vuelta cayó 2 a 1, pero con la diferencia de gol se consagró campeón aquella noche del 5 de diciembre en el estadio de Racing. El equipo estaba dirigido por un hombre que a lo largo de la charla Ruiz no escatimará en elogios. Gustavo Alfaro; David que fue parte del plantel sin llegar a jugar, se colgó la medalla junto a Matellán, Calderón, Gandolfi, Raymonda y Mario Cuenca.
    Pero no todo fue color de rosas para “El Moncho” en esos años en que Arsenal comenzaba a escribir sus páginas de glorias. Una dura lesión casi lo hace abandonar la actividad profesional antes de tiempo.

    ¿Cómo fue sobrellevar la lesión que sufriste en el  2004?

    Yo tuve pocas lesiones y esa fue complicada. Jugué dos años y medio lesionado; paré, me operé, estuve ocho meses inactivo y cuando quise arrancar me tuve que operar de nuevo y parar de vuelta. También es cierto que por la ansiedad de volver no respeté los procesos de recuperación. Por suerte siempre me sentí respaldado por el club, esa es la tranquilidad que te da Arsenal que es como una familia. Volví con Gustavo Alfaro cuando me recuperé. Ya había hablado con el presidente de que me quería retirar cuando terminara el torneo, pero Gustavo quería que yo siguiera porque Arsenal se había clasificado para la Libertadores. Me decía que iba a traer defensores, pero que me quería en el plantel porque era importante para el grupo.
    Lo más grave fue que me tocó de grande y por ahí eso hizo que la recuperación fuese más complicada, además esa lesión en los tendones de la rodilla también era media complicada. Me retiré en el 2008 y a mitad de año viajé a Japón como manager del plantel que ganó la Copa Suruga Bank ante el Gamba Osaka. Arsenal logró todo lo que logró porque hizo las cosas bien y a largo plazo, muchos piensan que es por Grondona, pero no es verdad. Algunos jugadores cuando llegaban al club creían que los árbitros nos iban a favorecer y se dieron cuenta que no es así.

   No es frecuente que un defensor marque goles y por eso los pocos que hizo Ruiz en su carrera tienen un sabor especial. “El gol más lindo que hice fue en nuestra cancha a Central Córdoba, en un partido que ganamos 3 a 0. El nombre del arquero no me acuerdo, pero jugó en la selección. La agarré de afuera del área y tiré un bombazo tremendo. Después en Primera le convertí uno a Unión de cabeza y otro a Rafaela", revive.

    ¿Qué pensás que le faltó a tu carrera?                                  

    No soy de recriminarme algo, yo disfruté mucho en lo que me tocó participar, quizás por el tema del dinero irme a jugar al exterior para en el futuro tener una tranquilidad económica, pero no me puedo quejar.

    En las canchas del ascenso Ruiz vivió grandes “batallas” y en más de una oportunidad se le cruzó por la mente “De acá no salimos”, como en Chacharita o Atlético Tucumán “En esa época no había la televisión que hay ahora que se ve todo. En la cancha de Godoy Cruz de Mendoza nos rompieron todo el micro, nos querían matar. Los clásicos frente a Quilmes y El Porvenir eran partidos aparte. Miedo nunca tuve, pero en un partido en cancha de Talleres de Remedios de Escalada que empezaron a tirar piedras, mi mamá y mi señora que me habían ido a ver estaban en la tribuna al lado de Héctor Grondona y me preocupé mucho. Después en el campo de juego es donde más seguro estás", afirma.

    ¿Qué delantero fue el que más te complicó?

    A los grandotes los anticipaba, me complicaban los rápidos como Palacio, pero Caiafa de los Andes te volvía loco. Tévez era complicado y Riquelme también, pero Román como era enganche no se tiraba tanto a la zona nuestra.
    Para un jugador hay técnicos que fueron fundamentales en su carrera y otros que prefieren no haber conocido nunca, sin embargo para él todos están en la columna del haber. "De todos aprendí algo, todos me marcaron. En los inicios Roberto Iturrieta, “El Vasco” era un fenómeno, un docente; para la edad que yo tenía fue fundamental y aprendí mucho. Trabajaba muy bien en lo táctico y en defensa. Jorge Burruchaga y Gustavo Alfaro también. Gustavo es un tipo muy instruido y tiene una manera de hablar que te convence, le cae como anillo al dedo a lo que es Arsenal", manifiesta con sinceridad y sin cassette.

     Así es él, habla con la candidez y buena onda con la que vive cada día. No sólo está entre los jugadores que más partidos han jugado en primera, sino también entre los más sencillos, humildes y familieros que pueda haber. “El Moncho” sigue manteniendo esa esencia de pide barrio de cuando jugaba a la pelota con la misma pasión con que lo hizo durante toda su carrera. Si bien sigue en contacto con sus ex compañeros, ya no va al club porque le da algo de nostalgia como cada vez que ve los partidos del Arse por televisión. Quizás cuando regrese sea para dirigir al primer equipo, pero hoy a los 42 años quiere aprovechar el tiempo libre para disfrutar de las cosas simples y también para pintar el frente de su casa, lo más lógico sería que lo haga de celeste y rojo claro, después de todo son los colores de su vida.