jueves, 10 de noviembre de 2016

Sheldon, el fútbol y el miedo a la oscuridad

     Sidney Sheldon figura como el séptimo escritor de ficción más vendido de todos los tiempos. En su vasta trayectoria supo crear verdaderos best sellers, con un sensible pulso narrativo que atrapan al lector hasta el último párrafo. Sus libros fueron leídos por millones de personas y no por nada lo llamaban “El maestro de la literatura de entretenimiento”.
     Algunos podrían llegar a pensar que el fútbol no tendría cabida dentro de sus obras, debido a las tramas y los temas con que armaba sus relatos. Porque para un escritor que centra sus historias en espionajes, traiciones, poder, dinero, ambiciones, miedos y enigmas, meter al fútbol, aunque sea de pasada, resulta un tanto complicado. Lo cierto es que en el 2004 apareció “¿Tienes miedo a la oscuridad?”, una novela que ya desde el título acapara la atención del lector.
     La historia es una típica narración Sheldoniana de intriga y misterio. Lo llamativo es que en un pasaje del libro se desarrolla una escena un tanto particular. En ella Kelly, una escultural modelo de raza negra con un pasado sombrío que le teme a la oscuridad, es cortejada por Mark Harris, un científico brillante que se desvive por caerle bien y que hace lo imposible por levantársela, incluso hacerle una pregunta para luego complacerla según lo que ella responda.
     —¿Qué es lo que más te gusta hacer Kelly?
     —Me encantan los partidos de fútbol. ¿Te gusta el fútbol?
     “Cagamos dijo Ramos”, habrá pensado el muchacho que no se esperaba esa respuesta ni por asomo. Sin embargo, lejos de desanimarse, le manifestó con un leve titubeo.
     —Este… Si…Me encantan... si, claro.
     Así fue como se salió con la suya y logró invitarla para ir el sábado al estadio del París Saint-Germain a presenciar el encuentro entre el Lyon y el Marsella. Como una pareja de tortolitos que se dispone a ver una película en un cine continuado se perdieron entre la multitud, fijando las miradas en el campo de juego.
     Demás está aclarar que el pobre flaco no cazaba una de fobal, pero en un heroico intento por estar a la altura de las circunstancias, no sólo consiguió las mejores ubicaciones en las tribunas, sino que también trató de aprender lo que más pudo en sólo tres días, con el solo fin de impresionar a la chica y no decir cualquier verdura. Tan bien hizo los deberes que terminó sabiendo más del juego y los jugadores que algunos comentaristas.
     Lyon - Marsella (Según la novela) fue un partido vibrante, excitante donde los dos arqueros hicieron lo imposible para evitar los goles del rival. Y al final la cosa le salió bien a Harris, que estaba más eufórico por haber logrado su cometido que por el triunfo del conjunto de Lyon. La joven, profundamente conmovida, empezó a sentir ese loco deseo llamado amor, que se movía dentro suyo como un hormiguero. De a poco la morocha iba sintiendo que le perdía el miedo a la oscuridad, gracias a la compañía de su enamorado. Lamentablemente (Por obra y gracia de Sidney) Mark no tuvo un final feliz en la novela. Pero bueno, por lo menos se fue de este mundo habiendo visto un partido de fútbol, lo cual no es poca cosa.
     En el 2007, a los 89 años, Sidney Sheldon falleció en California. En sus novelas de suspenso tocó todos los temas habidos y por haber y ha creado personajes con las más diversas características físicas y psicológicas. Fue un grande que con maestría supo atrapar a los lectores con historias que se desarrollaron en casi todos los lugares posibles que uno se pueda imaginar. Porque a Sheldon todo le servía a la hora de escribir, incluso un apasionante partido entre el Lyon y el Marsella, por la liga francesa, en una tarde parisina.

lunes, 21 de marzo de 2016

El tigre al que todos llamaban mono


“El éxito es una vieja prostituta. Viene, se acuesta con vos, te cobra y se va”
(Sandro)

    La ambulancia tardó una eternidad. En el hospital bajaron la camilla y lo llevaron a la sala de guardia, en donde los médicos que lo atendieron se apenaron por su estado de salud. No era la primera vez que ingresaba a un hospital, pero esta nada tenía que ver con otras. En una oportunidad los medios de prensa y los amigos de turno abarrotaron el lugar y el tránsito se volvió un caos, por la cantidad de curiosos que se paraban en la esquina casi sobre la senda peatonal. Aquella había sido una noche emocionante; era la pelea que todos esperaban ver, era la pelea de su vida y con esa convicción subió al ring. Ganar significaba comenzar a escalar la gloria y dejar atrás una infancia dura, de hambre y miseria. En cada derecha iba la bronca y la esperanza, en cada gancho el odio y la superación. Pero el rival, como la vida, era un hueso difícil de roer. Después de los interminables y dramáticos asaltos las tarjetas de los jueces dieron su fallo. Ganó por puntos pero ganó; peleó con el alma, dejando la vida. Los golpes que recibió lo llevaron esa misma noche al hospital, respirando forzadamente y con las vendas puestas.
      Ya comenzaba a ser reconocido por su estilo agresivo y sobrador, abajo del ring era humilde y orgulloso, atrevido y fanfarrón, y por eso el ring side lo odiaba mientras que la popular lo amaba. El boxeo lo llevó a lo más alto dejando atrás una niñez de lustrabotas en Plaza Constitución, de esa Buenos Aires a la que había llegado a los siete años con su familia desde Villa Mercedes, hasta que un peluquero que lo vio pelear en la calle le propuso hacerlo por plata y luego como profesional. Sólo algunos lo llamaban “El tigre puntano”, para el resto era simplemente “El Mono”.
      Cada vez que ganaba, en los cabarets que solía frecuentar era recibido como un verdadero ídolo, la gente lo idolatraba y él tiraba besos a diestra y siniestra mientras bajaba de un auto de lujo y vestido con impecable traje con tiradores y sombrero haciendo alarde del dinero. Eran incontables los amigos que tenía y las mujeres que se le acercaban, hasta Evita y Perón lo iban a ver. Cuando éste último en una ocasión le estrechó la mano, desde el cuadrilátero él le dijo sin ponerse colorado: “Dos potencias se saludan mi general”. Decía que para hablar con él había que pedir audiencia y al que lo llamaba “Monito” aunque sea cariñosamente le contestaba “Monito las pelotas. Entendiste papito. Aire, aire”, pero así y todo la gente lo quería. Era capaz de sacarse el costoso saco que llevaba puesto para tapa al primer linyera que aparecía tirado. No era bien visto en los salones exclusivos a los que asistía luego de cada combate aún con la cara magullada siendo el centro de miradas despectivas.
      Ya siendo tapa de “El Gráfico” y con el aval oficial viajó a Nueva York, para medirse ante el campeón sin estar en juego la corona. La velada mantuvo en vilo a medio país que esperaba con ansias los relatos, pero terminó besando la lona en el primer asalto y el sueño se hizo añicos. Cuentan las malas lengua que a su vuelta el General pidió verlo en su despacho sólo para darle un cachetazo. Su poco apego al gimnasio, sus salidas nocturnas y la buena vida le pasaron factura y dos años antes de que se produjera el levantamiento militar del ´55, perdió con su eterno rival. Se fue con el maxilar roto y una lluvia de insultos de los oligarcas que festejaban verlo derrotado. Después siguió peleando pero ya no era el mismo. Con la Revolución Libertadora en el poder, el General en el exilio y el Peronismo proscrito, el régimen lo sacó de escena y allí comenzó su decadencia. Los amigos se retiraron tan pronto como habían llegado y una noche, luego de una presentación en Lomas de Zamora, la policía fue a detenerlo por su adhesión al gobierno Justicialista. El dinero y la fama que acumuló se le habían escurrido como el agua que se vierte en un colador.
       Sin preparación para afrontar la vida, al poco tiempo los apremios económicos lo pusieron contra las cuerdas. Empezó a hacer exhibiciones en el interior del país llegando a enfrentar a tres y cuatro rivales por noche que lo golpeaban con saña y en donde la mayor parte del dinero no era para él sino para los empresarios que montaban una versión moderna del circo romano. Lejos, muy lejos quedaron esas noches cuando el legendario estadio de Corrientes y Bouchard se llenaba y cientos de personas se quedaban afuera escuchando por los altos parlantes como anunciaban su nombre y el griterío ensordecedor hacía estremecer a los adversarios de turno.
      Así y todo algunos quisieron darle una mano, entre ellos el viejo y recordado rival rosarino con el que protagonizó seis peleas inolvidables ganando tres cada uno. Este abrió un restaurant y lo llevó como atracción del lugar. Lo único que tenía que hacer era sacarse una foto con los comensales y con su carisma decirles “Buenas noches y buen provecho”. Sumido en el ocaso el destino lo encontró en una villa miseria, paradójicamente se lo veía sonriendo a pesar de todo. Olvidado y viviendo de prestado terminó vendiendo muñequitos en la cancha de independiente.
       Antes de que el mundo se estremeciera con el asesinato de Kennedy en la ciudad de Dallas y en medio de la fiebre que generaban Los Beatles, “Los Diablos Rojos” se enfrentaron a River Plate en Avellaneda y a la salida del estadio se cayó del estribo del colectivo al que intentaba subir en movimiento. No sólo la rueda lo pasó por arriba, sino también la indiferencia que lo dejó tirado agonizando en la acera diciendo con el último aliento que le quedaba “No me dejes solo hermano”. En el hospital nada pudieron hacer, dos días más tarde, y antes de cumplir los cuarenta años, su alma se elevó a lo más alto de la eternidad, por la gravedad del accidente, pero también por el olvido y la tristeza. En la semana los medios periodísticos se hicieron eco de la noticia y realizaron una gran cobertura de su muerte repasando su vida. Diversas personalidades del espectáculo y del deporte eran llamados de las radios para recordarlo. Como buen ídolo popular, con el tiempo se convirtió en mito, a pesar de no haber sido campeón ni haber peleado nunca por el título, pasó a ser uno de esos personajes que la gente termina queriendo aún sin haber conocido. Su velorio en la Federación Argentina de Box fue una manifestación genuina del pueblo que camino al cementerio cantó  la marcha Peronista.
     Con los años, al cumplirse un nuevo aniversario de su muerte, una de las revistas especializadas lanzó un número especial con un póster desplegable en su interior, evocando su noche más gloriosa bajo las luces del Luna Park, con los puños en alto apuntando al cielo, el torso desnudo, el pantalón manchado de sangre, la cara sonriente y el epígrafe con el nombre y el apodo que lo harían inmortal: “José María Gatica. El Mono”  


jueves, 17 de marzo de 2016

Entrevista a Patricia Dinelli


Nacida para cantar

Silvia Nieves la escuchó y quedó fascinada con su voz y en menos de una década logró insertarse en el ambiente artístico de la noche porteña. Se crio en José León Suárez, lugar al que ama, y desde chica tuvo pasión por la música. Mientras prepara sus primeros materiales discográficos, reparte su tiempo entre el trabajo, sus hijos y los eventos donde canta desde tango y chamamé hasta melódico y folclore.


Por Rodrigo Gaite

      Pactar una cita con una cantante de tango en Corrientes y Uruguay, es algo así como encontrarse con un pescador a orillas de un rio. Para Patricia Dinelli, como para otros intérpretes de la música ciudadana, esa geografía encierra magia y misterio. Es por eso que se sienten como pez en el agua cuando transitan por uno de los lugares más encantadores de Buenos Aires. En un rincón apartado de un conocido café, y antes de asistir a la clase de los martes, donde está aprendiendo a bailar tango con Oscar Bank, Dinelli hablará de su carrera y de los proyectos en los que está trabajando. “Ahora estoy por preparar una peña en Villa Ballester que ya había organizado el año pasado. Me fue muy bien y la gente me pidió que la vuelva hacer. Se llama “Ballester canta así” y será los domingos al mediodía, más o menos para el mes de mayo. Me compaña Julio Pérez con la guitarra y a veces Chiche Curiale con el bandoneón”, comenta.

La hija del almacenero

      Si bien nació en Ballester, al mes ya vivía en el lugar que pasaría toda su existencia y al que le tiene un cariño muy especial: José León Suárez, su lugar en el mundo. “Mi papá tenía un almacén cerca de avenida Márquez y ahí viví toda mi vida. El barrio para mi es como mi familia, ahí soy la hija del almacenero. Mi papá fue un personaje de ese lugar. Él tenía el negocio y además en la esquina artículos del hogar, ambos estaban unidos, era algo así como de ramos generales. Era muy simpático, a las clientas que entraban él ya les conocía los gustos musicales, entonces entraba una y él le decía: 'María, salió la última de Silvana Di Lorenzo', comparaba el disco y los ponía en el wincofon. Tuvo la suerte de que mi mamá no era celosa, porque ella lo estaba escuchando desde la cocina.”, recuerda con gracia y evoca aquellos años felices de su infancia. “En mi casa siempre gustó mucho la música. A mi mamá le gustaba Argentino Ledesma y mi abuelo José me regaló, a los 13 años, una guitarra de la famosa “Casa Núñez”. Después mi papá me mandó a una profesora y en el colegio de monjas, al que asistí, siempre estaba en los coros. En los recreos llevaba la guitarrita y sacaba de oído las canciones de moda. De chica admiraba a Libertad Lamarque y Susy Leiva”.
       Pero fue en cuarto año del secundario cuando su relación con la música empezó a tomar otro color. “Me enteré que se realizaba un concurso en mi barrio, en un lugar que era tipo un teatro en ruta 8 y 9 de Julio. Se hacía un concurso de folclore para chicos de la escuela, por eliminación como el de la tele. Llegué a mi colegio y les empecé a avisar a todas mis compañeras y armamos un conjunto que se llamaba “Las voces del viento”. Nos anotamos y nos tomaron. La primera vez salimos en el tercer lugar. Yo enojada fui a preguntar por qué terceras. Me dijeron que era porque teníamos pocos instrumentos, claro, teníamos bombo y guitarra nada más. Al otro sábado teníamos que cantar tres canciones y hasta un piano llevamos, teníamos un papá que era fletero y él lo llevó. A partir de ahí empezamos a ganar hasta que nos ganamos 15 días en Bariloche. Después también estuvimos en el teatro Alvear. Luego seguimos cantando en peñas y en un momento los de la clase B, que eran dos varones, se fusionaron con nosotros. Hacíamos temas como “Alfonsina y el mar” o “Puerto de Santa Cruz.”, repasa y recuerda una de las tantas anécdotas de aquella etapa. “Estábamos en “OLA”, se llamaba así por Omar, Luis y Alberto. Ahí también cantaba Daniel Toro además de nosotras y después entraba Mario Sánchez. Yo tenía 17 años y a mi papá me retaba porque yo me mataba de la risa con los chistes verdes que contaba Mario Sánchez.

Y apareciste tú

        Hay quienes sostienen que a veces en la vida hay que estar en el lugar indicado y en el momento justo, claro, como si fuese fácil. Sin embargo hubo un día en que Patricia estuvo en el sitio preciso y a la hora señalada. “Mis amigas son las mismas que tenía en el colegio y como ellas sabían de mi pasión por el tango, un día yo estaba en mi trabajo y viene una y me dice: ‘¿Te enteraste que acá a la vuelta viene Mario Marmo con Daniel Cortes?’. Yo ni enterada y a Cortes lo había ido a ver hacía un mes al teatro. Salí del trabajo, fui a sacar una entrada y el día del evento me quedé con mi amiga en la última mesa. En un momento Silvia Nieves baja del escenario, se viene hasta la última mesa donde yo estaba y me pone el micrófono para que cante un pedacito, después se fue y siguió cantando. Cuando termina el show, yo agarro mi cartera para irme y la veo a ella que me corre y me pregunta: ¿Cómo te llamas? Patricia Dinelli, le digo y me pregunta: ¿Vos cantás? No le digo. Yo lavo, plancho y cocino, y me dice: ‘Te aseguro que a partir de ahora vos cantás’ y yo la miré como diciendo ‘Está loca’. Me invitó a “Quintino” para que fuera un viernes y a partir de ese viernes nunca más bajé del escenario. A partir de ahí empecé a estudiar y a dedicarme a full. Después con el tiempo empezó una amistad, ella para mi es un ángel. Silvia y su marido tienen una generosidad para conmigo que yo no tengo palabras para agradecerles.

Empezando a volar

       Aquella noche significó el punto de partida de una carrera que no se detiene y en donde Dinelli ya ha dejado su impronta en lugares como “Bien Bohemio”, “Homero Manzi”, “Taconeando”, “Aníbal Troilo” y “La Barbería”, además de fiestas privadas y otros eventos como el de su recordada actuación en el 2012, en el marco por los 80º aniversario de José León Suárez “Fue increíble, canté ante 3500 personas y me hicieron cantar 9 canciones. Yo estaba feliz, porque era mi barrio, pero ahí sigo siendo Patricita, la hija del almacenero.”, evoca y haciendo un balance de su carrera agrega: “Yo cuando subo al auto, todas las noches, digo ‘Gracias’, por todo lo que logré y porque a parte estoy con compañeros excelentes, como Carlos Morel o Carlos Gari, a quienes yo veía por la tele. Con ellos nos respetamos y nos queremos. En “Quintino” estoy con Tony Gallo, Carlos Piña y Mario Marmo, y con Julio Pérez he ido a la televisión al programa “Te cuento y te canto”. Y añade con sinceridad cuando expresa lo que intenta trasmitir con sus canciones: “Ojalá, que después de un show, la gente se pueda ir con una sonrisa. Cada vez que hago algún tema siempre les dejo algo, si canto el tema “Soñemos” siempre les pido que no dejen de soñar, porque a mí se me cumplió el sueño. A mi la gente me brinda cariño, me llena el corazón.”. Todo lo que hace, lo hace con entusiasmo, hasta cuando cocina, ya que con cuatro hijos es más que obvio que Patricia tiene que saber cocinar, claro que nunca pensó que iba a tener que hacerlo en un programa de televisión. “La vida siempre me sorprende: Fui a la cardióloga y salió el tema de que cocino y me pregunta ‘Para qué haces tanto’ y yo le decía para mi casa, para mis hijos y ella me dice: ‘Yo te voy a llevar a un lugar’. Yo no tenía idea a dónde iríamos y fuimos al programa “Cocineros en Casa” con Martiniano Molina y Donato de Santis, que iba por canal 13. De esto hará unos tres años y la pasé genial. Igual todos los mediodías mis hijos vienen a almorzar a casa. Hago malabares ya que trabajo en un comercio vendiendo ropa, en Villa Ballester y siempre ando a las corridas.

Tango, folclore y todo lo que se pueda cantar

       Lejos de encasillarse dentro de un género determinado, “Pato”, como la conocen sus amigos, supo incursionar en casi todos los estilos “Yo, más que nada, me identifico con las letras. Interpreto un tema que se llama “Si te dijeron” y cada vez que lo hago me preguntan de dónde lo saqué”. Hay otros como “Muriéndome de amor”, que cuando lo hago siento que me estoy muriendo de verdad. En cuanto al tango, para el público extranjero hay un repertorio clásico, temas como “Por una cabeza” o “Volver”, pero para el tanguero de acá, además de eso, suelo hacer “En carne propia”, “El último escalón” o “Más allá del corazón”. Busco canciones que no son muy cantadas y conocidas. Yo disfruto todo: Desde estar en un geriátrico hasta en un teatro o en una peña. Canto desde melódico hasta tango y chamamé”, explica. Pero para saber bien de qué se trata, se pueden escuchar en You Tube algunos de sus temas, poniendo su nombre en el buscador y dejando que su voz fluya desde los parlantes de la PC.
Si hay algo de lo que nunca va a dejar de hablar, es de estar agradecida a todo lo que la rodea. “Agradezco a la vida que siempre me encuentro con gente buena. Ahora estoy trabajando para mi primer CD, con producción de Mario Marmo, donde va haber tangos y algunos valsecitos peruanos, además de mi famoso tema “Frente a la Facultad” que a la gente le gusta mucho. Después, más adelante, con Julio Pérez, voy hacer otro trabajo con temas melódicos y folclóricos. De cara al futuro me gustaría armar algo groso con Silvia Nieves y otros artistas.”, detalla. Claro que también está la posibilidad de verla en vivo el segundo y el cuarto viernes de cada mes en “Quintino” y el primero y el tercero en “Nosse”, además de los sábados en “Los Montaditos de Ale”. Y como lleva la música incorporada no tuvo mejor idea que aprender a bailar Tango. “A Oscar, que es un gran bailarín, lo conozco hace mucho y siempre me insistía en que fuera a aprender con él. Hasta que un día me decidí y acá estoy. En cuanto a la música, quisiera ser mucho más famosa para poder ayudar. Lo veo a Axel y lo admiro por como ayuda. Soy una persona muy sencilla y amo mi barrio. Tuve la oportunidad de irme a vivir a un country y no quise saber nada.”
En Buenos Aires ya empieza a oscurecer, pero la avenida Corrientes no duerme, porque tiene vida propia. Por allí se va caminando Patricia Dinelli radiante y feliz, como cada vez que sube a un escenario. 

domingo, 28 de febrero de 2016

Stallone y el fútbol


   Antes de salir para Afganistán John James Rambo y Mushaf Gani, caminaban distendidos por el desierto junto a un chiquillo. Frente a ellos un grupo de hombres iba a caballo de un lado para otro, gritando como poseídos, mientras se disputaban una oveja muerta. Mushaf Gani, le explicó al americano que se trataba del deporte nacional, un antiguo juego que ni la guerra podía detener. Cuando le preguntó si le gustaba, Rambo, hombre de pocas palabras y mucha acción, contestó sin titubear:
     —Prefiero el fútbol.
     —¿Fútbol? ¿Qué es eso? ¿Se juega con el pie?
     —Y con la cabeza — Respondió Rambo, que la tenía re clara. 
     La escena de “Rambo III” no dejó dudas, pero los aguafiestas de siempre sentenciaron.

     —Es una cuestión de marketing. Lo dijo para quedar bien.
     Habría que decirles a esos mala ondas, que busquen y vean en VHS, en DVD, en YouTube, en Cuevana o en donde sea “Escape a la victoria”, cuando Sylvester Stallone y otros aliados que se encontraban en prisión, fueron desafiados para enfrentarse en un partido de fútbol ante un combinado alemán. Mientras ideaban un plan de fuga, los presidiarios, entre ellos Edson Arantes do Nascimento, Osvaldo Ardiles y Bobby Moore, además de Stallone como arquero, se entrenaron duro para el match, en que luego de ir perdiendo 4 a 1 en la primera mitad, llegaron al empate con un golazo de chilena de Pelé, que averiado y todo, mandó a la pelota de tiento al fondo del arco. Pero como Stallone quería sus 30 segundos de fama, tuvieron que añadir otra escena para que él se luciera. Por eso faltando tan solo un minuto para el final del juego, el juez sancionó un penal a favor de los alemanes. Fue en ese preciso instante cuando las musas cinematográficas se metieron en el cuerpo del musculoso actor, al que durante el primer tiempo había que decirle dónde se tenía que parar en un córner. Stallone y su verdugo se miraron fiero, en absoluto silencio y cuando el árbitro dio la orden, en un vuelo elástico y elegante Sylvester, voló hacia su izquierda y se quedó con el balón atenazándolo entre sus manos. Heroico, sublime, de otra película.
     Años antes, cuando Pelé ya comenzaba a dejar sus últimas pinceladas en el Cosmos y Ardiles todavía no era campeón del mundo, en la piel de un humilde boxeador de Filadelfia llamado Rocky Balboa, “Sly” saltaba a la fama mundial. Con los años supo disfrutar de los lujos, las cenas de gala, las mejores minas, los millones en la cuenta bancaria, los premios Oscar, los globos de oro, los muñequitos de quermese y también de los anabólicos y el dale que dale con los fierros. Llevaba la vida de una superestrella. Se casó, se separó, se volvió a casar, tuvo varios hijos y también conoció el dolor en la vida real cuando falleció Sage, uno de sus hijos.
     Paralelamente a su éxito de taquilla con Rocky, comenzaba otra saga que quedaría para siempre entre los amantes del cine de acción. “Rambo”, el ex boina verde, combatiente de Vietnam, súper poderoso y todoterreno, capaz de ganar una guerra el solito, contra todo un ejercito armado hasta los dientes.
     Ya sabemos que, a través de la pantalla grande, Sylvester Stallone “Las hizo todas” manejó un camión, ganó pulseadas sacando a relucir su amor propio, liberó rehenes, derribó helicópteros con un arco y una flecha, fue un experto en armar y desarmar explosivos, combatió como nadie en la selva donde se la pasaba bajando muñecos y hasta le mojó la oreja a los rusos. Desde hace un tiempo largo su nombre reluce en una estrella en Hollywood, lugar reservado para los grandes entre los grandes y como él se codeó con los mejores actores y directores del celuloide estadounidense, allí estará para siempre.
    Pero a él le gusta el fútbol. Se dice que aún hoy se lamenta de no haber podido comprar al Everton FC, equipo del que es hincha y se tiene que conformar con mirarlo desde la tribuna. Es de imaginar que en el verde césped, el neoyorquino no hubiera sido un fino y elegante número 10. Habría sido algo así como una mezcla entre Genaro Gatusso, Simeone, “Hacha Brava” Navarro y Mascherano. Andá a sacarle la pelota. Y no te hagas el loco porque saca el cuchillo y te corta los cordones de los botines.
     Hace poco Stallone volvió a la escena boxística con “Creed”, donde entrena al hijo de su viejo rival: Apollo Creed y a los 70 años, sigue actuando y dirigiendo. Aunque el fútbol sea su pasión, a Sylvester Stallone siempre le fue mejor con los puños y la acción que jugando a la pelota. Aunque con la fama y los millones que tiene, mucho drama no se hace.

jueves, 11 de junio de 2015

Contrato moral

   Nos fuimos con lo justo sin mirar atrás, con rabia y dolor, pero con las convicciones intactas. Los que se quedaron se tuvieron que callar manteniéndose al margen.
  Desde que los milicos lo habían bajado a Frondizi en el 62, ya la cosa no daba para más. Hacía mucho que nos veníamos tragando el orgullo de ser lo que éramos, hasta que un día no aguantamos más. A mi la vida me llevó a Sudáfrica, lo mismo hubiera sido al Congo Belga o algún archipiélago perdido en el mapa.
  Al poco tiempo de mi llegada me enteré que un equipo de rugby argentino andaba por esas tierras realizando una gira. Yo lo único que sabía de ese deporte era que se jugaba con una pelota ovalada, pero eran mis compatriotas y no dudé de estar junto a ellos. La cita era en el majestuoso Ellis Park Stadium de Johannesburgo, el 19 de junio de 1965 donde según decían, los Juniors Springboks nos pasarían por arriba, pero no fue así.
   Aún guardo en mis retinas la imagen congelada del vuelo eterno en palomita de Marcelo Pascual, con la pelota aferrada entre sus manos cuando el tiempo se detuvo y el posterior silencio de un estadio que no podía creer que esos tipos sudamericanos les habían mojado la oreja. Ellos nunca hubieran imaginado los festejos posteriores, la emoción y las lágrimas. Cómo no iban a llorar esos jugadores si con garra y corazón habían logrado una verdadera hazaña, un histórico e inolvidable triunfo por 11 a 6 que hizo nacer para siempre el apodo de “Los Pumas”.
   Muchísimos años después cuando retornó la democracia regresé al país. Volví a tener sus voces en mis oídos y a sentir el aire que entibiaba sus calles. Como si fuese una obligación moral, un contrato no firmado, cada vez que Los Pumas juegan en Vélez o en Ferro voy a verlos, porque hay como un lazo que me une a ellos desde aquella lejana tarde africana.
   Sigo sin entender las reglas del juego y no me importa. Me basta con estar cerca de ellos, con verlos cantar el himno, con ver flamear la bandera celeste y blanca recortándose entre las nubes, como aquella vez cuando a miles de kilómetros de distancia, me hicieron sentir el orgullo de ser argentino.

sábado, 2 de mayo de 2015

Entrevista a Sandra Pisani



“Quiero ser parte de la cultura nacional”

En su amado barrio de Caballito, la cantante y profesora habló tanto de su presente como de sus inicios en el mundo artístico; de su gira a China, del premio que recibió en La Falda y de su “relación” con Ferro Carril Oeste. Pasional, sensual y amante de lo que hace, supo lucir todo su talento por los lugares más renombrados del ambiente tanguero.

Por Rodrigo Gaite

Sandra Pisani,una voz única del tango argentino 
 Caminar por Parque Rivadavia un jueves, es muy distinto que hacerlo un sábado o un domingo cuando el lugar se llena de gente y las veredas se cubren de manteros y vendedores varios. Así y todo, son muchas las personas que transitan por las calles de uno de los barrios más tradicionales de la Capital Federal. En el medio del gentío Sandra Pisani, con sus cabellos rubios que destellan bajo el cálido sol del mediodía, camina las pocas cuadras que hay desde su casa hasta el café donde, té rojo de por medio, antes de ir a dar sus clases hablará de su pasado y de los proyectos que tiene en mente, como el show que ella misma gestiona y que presentará el 30 de mayo a las 22 en el bar “El Viejo buzón”, de Espinosa y Neuquén junto a sus alumnos y artistas invitados. Un show integral con tango, melódico, bolero, lirico y latino. O sea un show a lo Sandra Pisani, porque así es ella, amante de todos los géneros desde que tiene uso de razón. “Empecé cuando era una niña porque vengo de una familia que por parte materna le encantaba el arte. La hermana menor de mi mamá se llamaba Mary y fue novia de Leo Dan, a ella le gustaba mucho la actuación y tuvo algunos bolos en algunas películas de Porcel. Ben Molar la quiso hacer grabar un disco, pero finalmente no se dio y a partir de mi mamá y mi tía Mary empecé a cantar”, comenta Sandra.
    Claro que una cosa es cantar por cantar y otra es hacerlo “En serio” y frente al público “Mi primera actuación profesional, por así decirlo, fue a mis 8 años con mi escuela en el teatro El Globo y me hicieron interpretar una vidalita con la profesora de piano. Casi me muero porque con 8 años y en un teatro completo fue un momento muy complicado para mí. Pero fue el puntapié para que siguiera porque a los 17 después de terminar el secundario empecé a estudiar canto con una profesora del Colón que se llamaba Nilda Hofman. Comencé haciendo lirico, un poco fue querer ser una Prima donna y por unos puntajes no puede entrar en el Instituto del Colón. Entonces desistí porque era una carrera costosísima y empecé con otros géneros musicales y me fui a la otra cara, pasé de la A a la Z. Me fui al Rock and roll, al heavy metal y al blus. Pasé de querer ser una Prima Donna a querer ser una cantante de heavy metal. Por el 94, 95 tuve una banda de blus y en el bar “Vía Cerino” de Segurola y Rivadavia, que era de la familia de Jorge Rial, nos dieron una placa en reconocimiento en un concurso. Después seguí con el jazz, el blus, la música disco y latino. Trabajé mucho en “La Bohemia Cafe Concert” en Morelos y Yerbal, por ese momento yo tenía unos treinta y pico”, dice recordando aquellos años.

Tango que me hiciste mal

    Por esos tiempos a Sandra se le podía hablar de cualquier cosa menos de tango, ya que no le tenía mucha simpatía que digamos. “El tango aparece en mi vida en el 94. Yo digo que el tango me llamó, fue una casualidad. En el diario Clarín vi un aviso que decía que se buscaba cantante para obra musical y me presenté. En la cola había mucha gente que cantaba tango, entonces yo dije: ‘Qué raro’. Le pregunté a una chica y me dice: ‘Esto es para un sainete’. Yo dije ‘Bueno, ya estoy acá, así que me meto’. El director de la obra era Luis Acosta y yo no sabía qué iba a cantar, yo con el tango no quería saber nada. Le apagaba la radio a mi vieja y el televisor cuando estaba mirando Grandes Valores y yo que sé. A ella le gustaba mucho Argentino Ledesma y Susy Leiva pero yo no quería saber nada con eso. Finalmente me llamaron y el único tango que me acordaba, porque lo cantaba mi mamá, era “Grisel”. Así que entré con “Grisel” y a la semana me llamaron, diciéndome que estaba adentro del elenco. Éramos once personas y todo se hacía a pulmón. Estuvimos con “Ilusión esquina tango” durante casi 4 años dando vueltas por San Telmo. Ahí me conecté con la que fue la esposa de Cuti Carabajal. Ya en el 2000 arranqué en el Cafe Concert como tallerista de coach vocal. Empecé con una alumna y terminé teniendo como treinta y los viernes a la noche hacíamos shows donde cantaba yo y también mis alumnos. Hacíamos todos los géneros, fue una etapa muy enriquecedora. Después seguí dando clases a mis alumnos a domicilio y hacíamos dos presentaciones al año”, detalla la rubia porteña.
    Gracias a su gran capacidad para interpretar diversos estilos, Sandra pudo mostrar su talento frente a las cámaras de televisión. “Participé en un concurso que se llamaba “Rumbo a la fama” con Leonardo Simons en canal 9. Yo era muy gustosa de lo melódico. Era fanática de Camilo Sesto y Ángela Carrasco y me presenté con un tema que se llamaba “Ahora o nunca”, con la orquesta de Panchito Nole, en ese momento los canales tenían orquestas en vivo. Era un lujo. Llegué hasta la semifinal, no pude estar en la final pero la experiencia de estar en Canal 9 y frente a las cámaras fue importante para mí. Después en la tele no me presenté nunca más hasta que empecé a concursar con el tango y participé en otro casting en el año 2001. Pedían cantantes para jazz y tango y me presenté para las dos y oh sorpresa quedé para tango como me pasó con el sainete. Trabajé con el elenco de Jorge Sergiani “Buenos Aires, pasión de tango” y estuvimos en el teatro de la Comedia y en otros lugares. Ahí empecé como a pisar más fuerte y a encaminarme más con el tango, igualmente seguía con todos los demás géneros”, expresa.

Chanda Pichani, ¡Archentina!

   Si algo le faltaba a Sandra era cumplir el sueño de todo cantante. Salir de gira y la oportunidad se le presentó en el 2011 cuando fue convocada para viajar a China. “Fueron 32 horas de vuelo. Era mi primera gira y fue posible gracias a la compañía “Conjuro Tango” de Analía Carreño y Luis Ramírez que una vez me escucharon y me empezaron a contratar para casamientos. Hasta que un día me llaman y me dicen: ‘Sandra, queremos hablar con vos, porque tenemos una propuesta para grabar, porque nosotros hemos dados muchas clases en China y Japón y quieren un video para hacer un espectáculo’. Por esas casualidades de la vida grabamos justamente en el teatro El Globo, hicimos como si fuese un micro de video de lo que podía llegar a ser el espectáculo y lo mandaron a China, lo aprobaron y empezamos con los ensayos. Era una especie de comedia musical con bailarines, donde los actores y cantantes teníamos un argumento. Había que hacer los ensayos y el ensamble de toda la compañía. Fue una prueba muy fuerte y muy linda”, explica.
   Claro que estando en un lugar así es imposible que Sandra, además del recuerdo por las actuaciones, no se haya traído alguna que otra anécdota. “Los teatros son enormes como todo en China. Siempre conservaron esa cosa de imperio y todo lo hacen a lo grande. Las edificaciones son enormes, las puertas, todo y las distancias desde el camarín a los escenarios también son enormes. Yo no soy bailarina y no tengo el estado físico de los bailarines, así que era muy gracioso verme con los zapatos en la mano corriendo de los camarines al escenario cada vez que me tenía que cambiar. Había como dos cuadras del camarín al escenario”, evoca entre risas y enseguida se acuerda de otra. “La primera semana fue terrible, yo pensaba encontrarme con la comida del barrio chino argentino y resulta que me encontré con otra cosa totalmente distinta. Algas en el desayuno a las 7 de la mañana, fideos con aceite tipo sopa a las 10, pescados que los agarraban vivos de las peceras para meterlos a freír. Cosas insólitas, había compañeras que me decían: ‘Acabo de comerme un alacrán frito’. Cosas que tienen que ver con otra cultura, pero el producto salió perfecto y quedaron muy conformes”.

De Caballito a La Falda

   Fiel a su estilo de golpear puertas y buscar oportunidades, el destino la sorprendió nuevamente con otro viaje, pero esta vez un poquito más cerca. “En el 2012 navegando por el mundo internetero me enteré que estaba abierto un concurso para las voces del tango en La Falda. Envié un demo a un mail que correspondía a Córdoba. Me llaman a la semana y me dicen: ‘Hola que tal, hablamos de Córdoba capital y queríamos decirte que saliste asignada para concursar en la previa de lo que sería el certamen nacional de La Falda’ y yo pregunté: ‘Bueno. ¿Pero adónde tengo que ir? Y me dicen: ‘Tenés que venir a Córdoba capital’, yo no lo podía creer, entonces me preguntan: ‘Pero vos de dónde sos’. Y le dije que era de Caballito, capital federal. ‘Pero y cómo no te anotaste en tu sede’ me dicen y yo le contesté que no sabía que había sede en Capital. Así que agarré mi bolsito y me fui para allá. Participé con un tango que siempre me trajo muchísima suerte “Bailemos”, que lo amo con toda mi alma. Gané la sede de Córdoba y me mandaron como representante de Córdoba a La Falda. En La Falda participé en dos certámenes para las rondas clasificatorias y quedé con dos varones en la final y oh sorpresa cuando Silvio Soldán, que estaba en la locución dice: ‘El ganador del premio voz revelación es Sandra Pisani’. Yo estaba a metros del escenario y no llegaba nunca y Soldán que se ponía impaciente ‘Dónde está esta chica que no se esperaba que ganaba parece’ y la verdad que no. Para mi fue una puerta muy grande ese certamen, porque al año siguiente me contrataron como artista y estuve en una noche soñada donde compartí escenario con María Graña y Raúl Lavié, que para mi son como mis dos ídolos. Fue una noche maravillosa”, dice rememorando aquella experiencia inolvidable.
   No fue la única vez que estuvo cerca de Soldán, unos años antes, en el 2009 Sandra fue participe del ciclo “Aguante tango”Un amigo me dijo que había un programa de tango que lo conducía Silvio Soldán y producía Alfredo Gago con su hija Aldana y que me presentara. Estuvimos concursando como cinco meses en el bar Quintino y todos los miércoles había rondas de cantores. Llegué a la semifinal y salí en el programa en cuatro oportunidades”, cuenta.

El arte, la otra razón de su existir

   Pero no sólo la música es parte fundamental de su vida, también tiene otra pasión: El arte. “Lo más lindo que nos pasó con mi papá fue viajar a Europa juntos, porque él quería conocer a su familia paterna. Él era de Logroño y decidió llevarme a mí porque mi hermana era muy chica y mi mamá no quería viajar. A 18 años conocí Florencia, Pisa, España e Italia con su viejo mundo y quedé enamorada. Entonces me dije: ‘Yo quiero estudiar arte’ y cuando llegué acá, me puse a estudiar en forma particular con un profe y rendí examen en la escuela Manuel Belgrano, entré y fueron 4 años de maestra de dibujo, después quise seguir el profesorado e hice tres años más de carrera en el Prilidiano Pueyrredón. Antes de recibirme he trabajado de cualquier cosa, de operaria en fabricas, planchando camisas, de vendedora y hasta de repartidora de pollo”, detalla y agrega otro dato de su carrera artística: “Además con la música tengo un CD que me regaló Héctor Miglio, un amigo que es un cantorazo. Es un demo que circuló por todas las radios y por todos lados, es como un disco independiente y en el pasado tuve la suerte de grabar con un cuarteto con músicos en vivo. Mi sueño es grabar un disco de verdad con músicos y orquesta en un estudio y que pueda salir en las bateas.”
    Otras de las tantas satisfacciones que recibió Pisani, fue en el 2014 cuando estuvo en el certamen nacional de Baradero. “Me la jugué nuevamente, primero hice la sede capital y luego en Baradero participé en el festival nacional. Pero a mi me gustaría estar en todo el país, poder llegar a todas las provincias. Soy muy nacionalista y quisiera hacer una gira por todo mi país”, revela. Mientras tanto, gracias a la movida que lleva adelante Claudio Durán del grupo “Las perlas del tango” y con el que organiza Gabriela Miguel “Quiero al tango” pudo estar presente en diversos salones de la Legislatura porteña.

Amor verdolaga

    Con toda su vida transitada por las calles de Caballito, era imposible que Sandra no le hiciera un lugar en su corazón al club del barrio. Ferro Carril Oeste, pero el tema es que lo hizo de una manera muy particular. “Con mi hermana éramos medio fanáticas del básquet e íbamos a ver los partidos a Ferro. Yo siempre fui amante de la raza negra en todas sus expresiones, en el canto, en la danza, me llamaba mucho la atención el negro. Un día uno de los basquetbolista, un negro de dos metros, del sur de Estados Unidos me pidió el teléfono y después de un tiempo terminamos saliendo. Tuvimos un amorío y luego resulta que cuando yo voy a cantar a “El Viejo buzón”, “Toto” Evangelista que había sido presidente de Ferro me dice: ‘Y vos con Ferro qué tuviste que ver’ y le conté que tuve un amor, que salí con este muchacho y me terminó diciendo que había sido su preparador físico.
   Era muy gracioso porque él pasaba por la cuadra de casa y todos lo miraban. Imagínate que no pasaba desapercibido. Además para la gente del barrio era un tipo famoso, era el número 14 de Ferro. Yo tenía unos 32 años cuando lo conocí y fue muy lindo”, declara la ex de Carlus Groves.
   Si bien pasó toda su existencia en Caballito, hubo un periodo que lo hizo en Villa Urquiza y otro en Agronomía “La casa donde doy clases en el taller del Sol, fue la casa de mi abuela. Es una anécdota muy linda. Yo no tenía trabajo y mi ex marido me pasó un teléfono y resultó ser que era el número de teléfono de la casa de mi abuela, que la habían reciclado y hecho taller de arte y estaban buscando profesoras”, comenta.

Pisani 2.0

    Como le pasa a muchos artistas Facebook es una herramienta más que interesante para su carrera. “Me interesa mucho porque es una red de todos colegas que están en el ambiente artístico en todas sus expresiones ya sean bailarines, cantores o artistas plásticos. Me he relacionado con galerías de artes y periodistas que han sido muy buenos al presentarme en sus programas como Juan Imperial, que me ha hecho muchos reportajes al teléfono y también en la radio, él es un gran difusor de todo lo que es la cultura tanguera. Después he estado en radio Génesis con José Marino y también he conocido boliches tangueros y programas televisivos como “Te sigo queriendo”, que se emite por Telemax, todo eso gracias a las redes sociales”, menciona.
   Hoy por hoy gracias a Internet y a YouTube es posible disfrutar de algunas de sus actuaciones. “Me la suben amigos que son re gauchos, como Claudia Morgade que es una divina. Casi todas las grabaciones que tengo son de ellas y después hay algunas de los certámenes”, señala. Vale la pena meterse en el buscador y poner su nombre para disfrutar de su talento y embriagarse con su voz con temas como “Bailemos”, “Aprender a volar”, “Malena”, “Pasional” y uno que para ella representa algo muy especial. “Los pájaros perdidos” de Astor Piazzolla y Mario Trejo. “Tuve la suerte de hablar con Trejo por teléfono unos meses antes que falleciera y decirle lo groso que me parecía. Ese tema me transporta, porque es como que me hace revivir muchas cosas que perdí y nunca quise haber perdido”, confiesa.
   Canta con el alma, deja todo sobre el escenario y no para de crecer. “Mi objetivo es ser un nombre en la cultura nacional. Que la gente sepa quien fue Sandra Pisani, que sepan que fue parte de la cultura porteña y de su país, es como mi deseo”, concluye Sandra, una artista con calle y talento que no deja de soñar.